Quiero que no me desespere olvidar el sonido de tu voz,
que me acuerde siempre de lo lindo que fue,
compartir cama, amor, tiempo,
y que no me olvide de lo que te he llorado.
Quiero que si me pensás,
me hables y me preguntes si yo también te pienso,
que si me cruzás en la calle, me pares,
que si volvés, sea para quedarte,
y que si te vas, sea para volver después.
Entendí que la vida sigue aunque no despiertes conmigo,
que los libros no desaparecen si no leo con vos,
que el tiempo, aunque sea lento, sigue corriendo,
que caminando a veces llego mejor.
Que sos el parámetro de todo lo que conozco,
de lo que amo y de lo que no,
que te busco siempre en otros cuerpos,
que aunque me amen, volvería a vos.
Que aunque hermoso, fuiste una mierda,
que aunque me duela, así estoy mejor,
que te querré para toda la vida,
pero no voy a matarme por vos.
Entendí también
que tendré que esperar mucho tiempo
para dejarte partir
y cerrar la herida ensangrentada que dejó la falta de tu amor.
Para verte
y ya no sentir nada por vos.
Te doy mis últimas letras,
siendo consciente de que fuiste una parte importante
en el libro inconcluso de nuestro amor.
Páginas sangrantes.
Tildes marcadas por el sexo que me enseñaste.
Páginas en blanco cuando no había nada que hablarnos.
Y el silencio que se plantó en el medio para visitarnos.
De los pocos,
de los muchos,
de todos los viajes que quedaron pendientes.
Borrones y manchas
donde quedaron plasmados los errores.
Y hojas gastadas después de los insultos y reproches,
que aunque intentamos remediarlos,
siempre quedarán ahí para recordarlos.
Y quizá nunca te lo agradecí,
porque dentro de mí había odio puro
cubriendo las debilidades que dejaste.
Gracias por hacerme fuerte.
Por convertirme en la mujer que hoy sabe quién es
y lo que le conviene.
La misma que ya no espera
y que ahora ya no quiere componer más poesía.
Espero superarte,
aunque eso no significa que te olvide,
porque si me lo preguntás,
no quiero hacerlo.
Me enseñaste a conocerme,
a saber lo que nunca volveré a permitirle a nadie
y, lo mejor,
a no perderme por amor.
Gracias por las risas,
por los llantos,
por los días buenos
y por los malos.
Esto no será lo último que escribo,
pero sí lo último con tu nombre escondido.
Te dejo ir, consciente
del amor que te di
y de lo romántica que me hiciste.
Me quedo con la memoria llena de tus ojos
y de la luna que nos alumbró,
con los versos de tu cuerpo
y las canciones que te di a besos.
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