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Ensayo sobre "La culpa de vivir" de Antonio Puddu.

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Nov 27, 2024

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Ensayo sobre "La culpa de vivir" de Antonio Puddu.
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La culpa de vivir: Un análisis de la novela de Antonio Puddu

En La colpa di vivere de Antonio Puddu del 1983, la culpa no solo opera como un sentimiento asociado al remordimiento, sino como una carga existencial que atraviesa las vidas de los dos protagonistas, Ettore Luna y Bonaventura, dos veteranos de guerra cuyas historias se entrelazan en el sur de Cerdeña. La novela explora cómo la experiencia de la Segunda Guerra Mundial y las estructuras sociopolíticas del siglo XX marcan sus vidas de manera irrevocable, mientras intentan encontrar sentido en un mundo transformado por el sufrimiento, la opresión y las contradicciones humanas.

Dos caminos divergentes hacia la redención

Ettore y Bonaventura, aunque comparten el trauma de haber sido soldados en la guerra, representan dos formas radicalmente distintas de lidiar con la culpa de vivir.

Ettore encarna la sumisión y el peso de las expectativas externas. Desde joven, su vida está dominada por las decisiones que otros toman por él. El estado lo convierte en soldado, su padre le impone casarse con Teresa, a pesar de que ama profundamente a Lalla, una mujer a la que conoció en el norte durante la guerra. A Ettore lo consume la culpa: hacia Teresa, porque siente haberla comprometido al besarla y poseerla antes de la guerra; hacia Lalla, porque la dejó con la duda eterna de su muerte; y hacia su padre, porque nunca pudo desafiar su autoridad. Ettore nunca se permite ejercer su libertad, pues cada elección está condicionada por la voz de "los otros", de quienes dictan lo que es correcto según las normas sociales y familiares.

Bonaventura, en cambio, representa la rebelión frente al sistema. Aunque también sufre el peso del remordimiento, especialmente por los actos cometidos en la guerra y por haber perdido a Cellina, la mujer con la que soñaba casarse, encuentra en la lucha política y en la acción social una forma de darle sentido a su vida. Se convierte en una figura crítica que enfrenta con dureza a las figuras de poder, como Don Terenzio, a quienes ve como explotadores del pueblo. Bonaventura, en unos de los capitulos claves para entender su caracterización, afirma que ideologías como el fascismo, el liberalismo y la Democracia Cristiana son "lo stesso minestrone", un único caldo que cambia de nombre según la estación, como las serpientes cambian de piel. Para él, no importa la etiqueta política; las estructuras de poder siempre perpetúan la opresión. Bonaventura abraza la acción colectiva como una vía de resistencia frente a las injusticias del mundo, mientras Ettore permanece atrapado en su dolor personal y estancado en el pasado.

La culpa como carga emocional y existencial

La culpa de Ettore se manifiesta en todos los aspectos de su vida. Nunca superó el dolor de haber estado ausente durante la muerte de su madre, ni la pérdida de su hija Geltrude, a quien no alcanzó a salvar con la medicación. Se siente atrapado por el abandono de su mujer Teresa, que lo deja tras años de sufrimiento, y por la partida de su hijo Rinaldo al "Continente"(Italia) y de sus hijas a la ciudad, lo que lo enfrenta a la soledad. Incluso en su vejez, Ettore sigue atormentado por los fantasmas del pasado y por su incapacidad de tomar el control de su vida. Al final, logra confesar a sí mismo que no quiere cambiar ni olvidar sus recuerdos dolorosos, porque son lo único que verdaderamente siente como propio. Su vida, marcada por una sumisión constante a las expectativas de los demás, se convierte en una "culpa" perpetua, un rechazo a aceptar la realidad y la libertad, tanto propia como ajena.

Por otro lado, Bonaventura se distancia de esa resignación. En una de sus últimas conversaciones con Ettore, le dice que su amigo ha sufrido toda la vida porque nunca aceptó nada: ni su realidad, ni la libertad de los demás. Según Bonaventura, Ettore ha vivido siempre bajo un sufrimiento autoimpuesto, incapaz de reconciliarse con los cambios inevitables del tiempo y con la autonomía de quienes lo rodean. A pesar de su propio dolor y remordimientos, para Bonaventura, la existencia no debe ser una cadena perpetua de sufrimientos, sino una oportunidad para que las generaciones futuras tengan más suerte que la suya.

El contexto sociopolítico: ideologías como opresoras de la libertad

La posguerra en Cerdeña es el escenario perfecto para explorar cómo las huellas del conflicto no desaparecen con la reconstrucción material. Las calles que se ensanchan y se asfaltan, los ecos de un renacimiento económico y los colores de la nueva moda que llegan a Cagliari son símbolos de un progreso externo que contrasta brutalmente con la devastación interna de los protagonistas.

Bonaventura y Ettore enfrentan este contraste de formas distintas. Mientras el primero intenta adaptarse al cambio, el segundo se hunde en la alienación, incapaz de encontrar un lugar en un mundo que parece avanzar sin mirar atrás. La narrativa de Puddu utiliza estos elementos para enfatizar que la reconstrucción externa no garantiza la sanación de las heridas internas. Los protagonistas, como la propia Cagliari y Siddi, son espacios en ruinas que necesitan algo más que parches superficiales para volver a sentirse completos.

La novela también reflexiona sobre el papel de las estructuras ideológicas en la perpetuación de la culpa y la opresión. Bonaventura, con su mirada crítica, denuncia cómo el fascismo, el liberalismo y la Democracia Cristiana son manifestaciones distintas de un mismo sistema que busca mantener el control y la desigualdad. Su declaración refleja un desencanto profundo con las instituciones que, bajo nombres diferentes, perpetúan las mismas injusticias. Para él, estas ideologías no son más que herramientas de los poderosos para someter al pueblo. Su lucha no es solo política, sino también existencial: una búsqueda por liberar a las personas de las cadenas impuestas por los sistemas dominantes.

Ettore, en contraste, no logra emanciparse de estas influencias. Su vida es un microcosmos de las dinámicas opresoras que Bonaventura critica. La culpa que siente Ettore no es solo personal, sino también el resultado de un sistema que impone roles, expectativas y normas sociales inquebrantables. La figura de su padre, la presión de casarse con Teresa, y el peso de las normas tradicionales representan un orden que aplasta su individualidad.

Conclusión: La vida como carga y como oportunidad

En esta historia, Antonio Puddu nos presenta una visión compleja de la existencia humana. A través de Ettore, vemos cómo la culpa puede convertirse en una carga insoportable, una prisión que sofoca cualquier intento de libertad o felicidad. Por otro lado, Bonaventura encarna una resistencia imperfecta pero valiente, que busca darle sentido al sufrimiento mediante la acción política y el rechazo al conformismo.

En última instancia, la novela es una reflexión sobre cómo lidiamos con nuestras cicatrices, cómo enfrentamos las libertades propias y ajenas, y cómo el pasado puede ser tanto una carga insoportable como un recordatorio valioso de lo que somos. Ettore y Bonaventura, en sus diferencias, son dos caras de la misma moneda: dos hombres que, a su manera, buscan dar sentido a una vida atravesada por la guerra, el amor perdido y la culpa.

Mientras Ettore, por primera vez, se convierte en amo y guardián celoso de algo –aunque sea de sus vivencias dolorosas–, la novela concluye con la plegaria emblemática de Bonaventura hacia su amigo: "El pasado está muerto; solo el presente puede ser vivido". En esta frase resuena la esencia de la obra: la vida es un continuo enfrentamiento entre lo que fue y lo que es, entre el peso del pasado y la posibilidad del presente. Los hijos de Ettore, nacidos de sus errores, dolores y sueños rotos, simbolizan la esperanza de un futuro que no esté marcado por las mismas culpas.

La colpa di vivere, al fin y al cabo, reflexiona sobre cómo las estructuras sociales y políticas se entrelazan con las experiencias individuales. Nos invita a cuestionar cómo enfrentamos nuestras culpas, nuestras decisiones y las imposiciones de un mundo que, como una serpiente que cambia de piel, puede ser igualmente opresivo bajo distintos colores, nombres y caras.

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