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Engaño

No se

Aug 10, 2026

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Engaño
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El niño lloraba con el rostro escondido entre las manos. Las burlas de los demás aún le resonaban en los oídos; se reían de la forma inusual de su nariz, de sus facciones distintas, de su expresión. Para él, su cara era una condena.

​—¿Por qué lloras, niño? —preguntó una voz pausada.

​Al levantar la vista, el pequeño vio a un hombre mayor de pie frente a él. Intentó mirarle a la cara, pero por más que esforzó la vista, los rasgos del anciano se perdián en una sombra densa e impenetrable, como si la luz se negara a tocar su cabeza.

​—Se burlan de mí —asimiló el niño entre sollozos.

​—¿Se burlan de ti? ¿Por qué?

​—Porque soy feo —respondió el niño, bajando la cabeza con vergüenza.

​La figura del anciano se inclinó apenas un poco hacia él.

​—Yo puedo ayudarte.

​Confundido por la propuesta, pero desesperado por dejar de sentir ese dolor, el niño suplicó sin pensarlo:

​—¡Ayúdeme! Por favor... Haré lo que sea, diga qué tengo que hacer.

​El señor no dijo nada más. Se dio la vuelta y comenzó a alejarse con pasos lentos y pesados. Mientras se perdía en la penumbra, el niño alcanzó a escuchar un murmullo frío que le congeló la sangre:

​—Niño estúpido... gracias por regalarme tu rostro. Me hacía tanta falta.

​El pequeño intentó gritar, pero de pronto no encontró sus labios. Llevó las manos a su cabeza con horror: donde antes había ojos, nariz y boca, ahora solo quedaba una piel lisa y vacía. A lo lejos, el anciano se giró por última vez, luciendo en su propia cabeza la cara imperfecta, pero viva, que el niño acababa de regalarle.

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