viajar es salirse de la rutina, de lo que una cree que es su vida. se habla otro idioma, se duerme en otras camas, se convive con gente que no sabe nada de vos. enero desarma todo.
las decisiones, los miedos, los acuerdos quedan atrás, como ropa que no entró en la valija. una pierde la memoria, un poco también la identidad.
estoy en guerra con la realidad porque sigo suspendida en este tiempo falso, aunque sé que va a volver y me va a pedir explicaciones. estoy a una ausencia del abismo, a un paso de perder otro lenguaje. y mi cuerpo —hecho de resorte, de reflejo, de alarma— se tensa ante otra posible fatalidad, aunque no sepa cuál.
por ahora archivo el deseo. lo guardo para después. como quien vuelve a ver una película sabiendo que el final es trágico y aun así se queda hasta el último minuto. la diferencia es que, en el papel, yo podría elegir otro final. acá no.
esta ciudad no me abraza ni me escucha, pero me presta su silencio. y en estos puntos suspensivos intento convencerme de que todavía puedo sostener el equilibrio, aunque no sepa qué día es ni qué se hace con la vida cuando se termina enero, cuando se vuelve, cuando la realidad deja de estar en pausa y me toca acordarme de quién soy.
trato de convencerme de que puedo seguir jugando en la cuerda floja, incluso después de irme de acá.

Mauren Zamora
mujer, poeta y palabra. tengo dos poemarios, pero acá vas a encontrar solamente divagues.
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