mobile isologo
buscar...

Encuentro mortal

Nov 5, 2025

234
Encuentro mortal
Empieza a escribir gratis en quaderno

El reloj de muñeca marcaba las 23:40.

La morocha escalaba la montaña con dificultad. Una enorme mochila iba sujeta a su espalda, demasiado pesada para estar vacía. De hecho casi que se sentía como cargar el mismísimo cielo estrellado en la espalda. Al igual que el gran titán Atlas, de la mitología griega que tanto atraía a la joven. O tal vez se parecía al castigo cruel que le fue dado a Sísifo por ofender a los dioses, condenado a subir una roca todas las mañanas para que, al llegar a la cima, se precipite al suelo nuevamente. Claro que la osadía de la chica se parecía a la de Sísifo, pues ella había ofendido a la Muerte. Y de la consecuencia que eso implicaba no había escapatoria. El encuentro entre ambas se daría en la cumbre junto a esa gran roca mítica a las 24:00 hs.

23:45.

A medida que escalaba, la mochila se volvía aún más pesada y no entendía cómo podía ser eso posible. Pero algo le había advertido que aquel encuentro implicaba un gran sacrificio, el de llegar al mismo con los miedos, las penas, las inseguridades, los pecados, cargados en la espalda.

Ella no pensó que su mochila iba a pesar tanto. ¿Qué había hecho para merecer tal castigo? ¿Por qué la Muerte deseaba con ansias encontrarla en aquella cumbre? No lo sabía. Pero estaba a punto de descubrirlo. El corazón le latía a mil y gotas de sudor recorrían su cuerpo a pesar del helado frío que reinaba en la montaña. Era muy tarde y a medida que el miedo crecía dentro de ella, también lo hacía el peso de la mochila. Exhausta, divisó la cumbre tan ansiada del encuentro mortal. Miró el reloj.

23:50.

Aún faltaban diez minutos y decidió sentarse a contemplar el paisaje iluminado por la claridad de la luna. Alejado de la civilización. Donde vivían todo tipo de animales, los dueños del lugar. Las estrellas esa noche brillaban de una forma especial y a ella le pareció contemplar constelaciones imposibles de ver en la ciudad. Estrellas que la seguían, al igual que la luna. Tan pacífica y bondadosa, que le alumbraba el camino y la ayudaba a seguir. Pensó en aquellas amistades que no resultaron, en ese amor que se convirtió en odio, en la persona que amaba pero no la merecía, en su familia, en su odioso tío y en el recuerdo de su hermana tan querida. Soltó un largo suspiro que voló por los aires hasta convertirse en leyenda. Su leyenda. Inhaló y expiró nuevamente para por fin levantarse y llegar al final de la cumbre. La muerte nunca la inquietó, pero saber que esa noche le vería la cara le causaba escalofríos y terror.

23:55.

El precipicio se hallaba a sus pies, nunca se había sentido tan vulnerable y tan poderosa al mismo tiempo. La asombró el hecho de sentir la energía que entraba y salía de su cuerpo. Faltaban cinco minutos y no se sentía preparada aún, pero, después de todo, nadie está preparado para ver a la Muerte enfrente de sus ojos. La intrigaba el encuentro, lo extraño es que ella había sido guiada por un presentimiento, por la otra parte de su ser. La parte espiritual, la que llevaba más experiencia en el plano ancestral, la había guiado a aquella cumbre con el pretexto de que era urgente, de que el deber la llamaba.

24:00.

Tic toc. Un viento fuerte y helado traspasó el cuerpo de la joven haciéndola temblar y una sombra se formó a partir de las mismísimas nubes grises que, de un minuto al otro, habían ocultado todas las estrellas. La joven se irguió y se atrevió a mirar. Una mano esquelética se alzó a su rostro, para acariciarlo. La joven no se apartó y, cuando los huesos tocaron su piel, ella sintió las manos de su madre en su mejilla. Se asombró, pero no reaccionó, solo se petrificó. Con un leve movimiento de cabeza, la Muerte corrió su velo hecho a partir de niebla y contempló a la chica. Su cara era indescifrable, cambiaba constantemente, se veían muchos rostros conocidos y desconocidos. Era imposible enfocar a pleno la vista en uno solo, pues cambiaban por milisegundo.

- Te atreviste a venir - dijo.

- Si, algo dentro mío me llamaba a esta cumbre, me decía que era importante. Pero, decime, ¿cual es el motivo de este encuentro?

- Todo a su tiempo, si es que existe.

- Conozco bien la cuestión del tiempo y su inexistencia, aunque todavía no logro manejarlo.

- Es una tarea difícil, pero con práctica vas a poder dominarla.

- No entiendo.

- No hace falta entender, es mejor la vida incierta que un futuro previsto, ¿no?

- Pues claro, no me gustaría ver mi futuro y espero no estar frente a él en este momento.

- Podés quedarte tranquila, que tu hora todavía no llega, y dudo que llegue, al igual que la de los demás. Todos creen que yo soy cruel, soy temida en todos lados. Pero la verdad, no hay nada que me apene más que sentir tanto rechazo y temor hacia mi.

- ¿Querés decir que en realidad la muerte no es algo físico?

- Por supuesto que no, y es algo que a la gente de hoy en día le cuesta creer. La muerte de una relación, de un sentimiento, de una sensación. Yo estoy en todas partes, no solo estoy presente cuando un cuerpo perece, seguramente sabrás que la esencia de los fallecidos habita el plano terrenal pero sin cuerpo. La esencia de los seres queridos y su cariño se halla presente en la brisa que mueve tu pelo en la mañana, en la mariposa que aletea a tu alrededor haciéndote sonreír. Hay vida más allá de la muerte y es esencial que lo entiendas, porque nada vale más la pena que ver amor y esencia en las cosas más pequeñas de la vida. En ese abrazo de un niño abandonado a su suerte, en esa sonrisa de un desconocido, en esa mirada tierna de un animal indefenso. Al morir el cuerpo, esas pequeñas cosas toman forma y vos podés ser una de ellas si te animás y si deseás seguirme.

La suave voz de la muerte era tan potente que, sin darse cuenta, la joven de a poco se encaminaba al precipicio. Y algo en su interior deseaba gritarle que no se deje llevar, pero nada podía hacer ahora, pues esa presencia ya había hablado en su momento con la Muerte y no debía intervenir. La muchacha sola debía ser capaz de vencerla, en base a eso, la Muerte decidiría su destino.

- Entonces nuestras almas son inmortales, pero nuestro cuerpo no - contestó ella.

- Si. Y como fuiste capaz, al igual que muchos, de darte cuenta de eso, te invito a decidir tu destino. ¿Querés seguir sirviendo a este mundo lleno de avaricia y crueldad, de egoísmo y de maldad? ¿O deseás convertirte en mi seguidora? Prometo conducirte a un lugar mejor.

La joven cada vez se acercaba más y más al límite y la Muerte le tendió su esquelética mano. Temblorosa y dudosa, la mano se encaminaba a su encuentro. Pero la duda sólo tuvo lugar por un momento, en el que ella vaciló y frunció el ceño.

- ¿Y si yo me voy, al igual que muchos, que va a pasar acá? ¿Qué va a pasar con las nuevas generaciones que están por venir, con la violencia, con el daño, quien va a intentar reparar el mundo?

- Ya alguien se va a hacer cargo, pero yo puedo liberarte de ese peso que cargás en tu espalda, puedo ayudarte a sanar si me das tu mano.

- Eso no va a pasar, no quiero morir todavía. Me queda mucho que hacer acá y abandonar es de cobardes. Ya entiendo por qué la gente a veces decide morir en tus manos. Tus palabras son embriagadoras y están llenas de verdad, tal es la verdad que vos resultas incluso tentadora. Pero no te voy a dar el gusto, no hoy. Quizás en el futuro te vea con una mirada comprensiva y amigable, hoy te ganaste mi escucha pero no te vas a ganar mi vida.  

Tal fue el horror de la Muerte ante las palabras de la joven que decidió que valía la pena dejarla vivir, pues pocos se atrevían a enfrentarla y a desafiarla. La Muerte sonrió y contempló el rostro adulto de aquella niña que hace tiempo también se había resistido a sus encantos.

- Te visité hace un tiempo, cuando tenías solo siete años, en aquel accidente automovilístico que le costó la vida a tu hermana. Ese día hablé con ambas y ella decidió tenderme su mano mientras que vos no lo hiciste. Cada vez que ocurre una tragedia, la gente tiene la suerte de elegir su destino y la mayoría, por miedo a seguir sufriendo, decide tomar mis huesudos dedos para ir al lugar prometido. Pero vos me negaste en dos ocasiones y eso me confirma que no es tu hora de partir. Nos veremos en otra ocasión y veré si aún seguís siendo igual de fuerte, si todavía tenés la fuerza para seguir cargando esa mochila. Lo cierto e inevitable, muchacha, es que, tarde o temprano, vas a ceder ante mí.

- Si, pero cuando mi mochila esté muy cargada, cuando haya visto al mundo sobrevivir al Apocalipsis que se avecina. Cuando mi misión haya concluido y mis deseos se hayan cumplido, voy a darte el gusto de tomar mi mano. Pero no sé cuándo va a pasar, ni si va a pasar. Mi pacto con las estrellas y el Universo ya está sellado y me temo que no hay vuelta atrás. El día que te tome de la mano, algo más que mi parte espiritual quedará rondando por los prados y los bosques de este mundo. En el jardín de la memoria y el olvido estará mi cuerpo enterrado, pero no permitiré lágrimas de seres queridos derramadas en mi tumba ni flores de despedida. Porque ahí voy a estar, en la vegetación y en el cielo. El día que eso ocurra, mi alma no te va a acompañar, se va a quedar acá. Disfrutando del mundo en el que habité

- Ya vamos a ver a dónde vas cuando decidas rendirte ante mí. Por ahora te conviene cumplir todos esos deseos que tenés y disfrutar tu estancia en lo terrenal. Nos veremos nuevamente cuando sea el tiempo apropiado.

Sin más preámbulos la muerte partió dejando a la joven con un último aliento para susurrar a su alma que se quede con ella por toda la eternidad. Se prometió hacer todo lo posible para no verse tentada de nuevo a tomar la mano de la muerte. Pero decidió no esforzarse ni pensar demasiado en ello, sabía que cuando llegara la hora, nada lo detendría, a menos que la realidad que ella concebía fuera utópica y que aquello que su vista mundana y limitada viera, no fuera más que un terrible sueño.

Tatiana Diederle

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión