"Yo ya no puedo cumplir
Hazañas que prometí
Solo marchar cantando."
El dios de los desolados, el poeta de los rotos y los mal armados.
Se va y nos deja sin su ternura infinita, sin esa presencia tan mítica.
Pero algo queda: lo que nos regaló cuando ya no pudiera cumplir las hazañas que prometía. Su visión de la vida, su belleza hecha melodía.
Fue más que un hombre. Fue un canto que atravesó fronteras. El que puso a bailar a los que piensan el mundo y a los que lo caminan. El que nos enseñó, con lunfardos imposibles, sobre la vida y el amor. El que hizo temblar la tierra con su voz.
Fue poesía hecha carne. Y aunque se apague el cuerpo, su voz sigue donde alguien encuentre refugio en su canción.
Gracias por recordarnos que vivir solo cuesta vida... Hasta pronto, leyenda.
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