Encaje
Aug 11, 2026
Tengo un personaje ensayado para cada ocasión:
uno para la oficina,
otro para la familia,
incluso uno para los amigos,
y en algún cajón, doblada, casi sin uso,
la persona que realmente soy.
Aprendí el vestuario antes que el idioma.
Aprendí qué gesto correspondía a cada evento,
qué palabra abría puertas y cuál las cerraba,
aprendí a moldear mi propia voz
para que sonara en el timbre permitido.
Nadie me dijo “disfrazate”.
Lo fueron diciendo de otras maneras:
con la expectativa que ponían sobre mí,
con el consejo no solicitado,
con lo que aplaudían
y lo que dejaban pasar sin comentario.
Y yo, que quería quedarme,
aprendí rápido cuál era el precio.
Empecé a buscar el encaje
en lugar de buscar el lugar.
Pero un disfraz usado todos los días
termina aprendiendo la temperatura del cuerpo.
Y ahora después de tanto tiempo
ya no sé si me lo puse
o si crecí dentro de él.
Toda la energía que gasté en interpretar
fue energía que no gasté en existir.
La versión aceptable ocupó los años,
mientras la otra esperaba en el cajón,
cada vez más doblada,
cada vez más callada.
Ahora ese espacio ya no alcanza.
El disfraz empezó a quedarme chico.
Y aunque el cajón lleve media vida cerrado,
todavía quiero un lugar
donde no haga falta el vestuario.
No uno que me tolere disfrazada,
sino uno donde pueda entrar
sin ensayar antes la respiración.
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