Tal vez esa noche, ninguna de las dos quería despedirse.
Se arrastraban las palabras con la esperanza de oírte decir algo más.
Y yo luchando contra mi juicio de conservar mi confesión entre los labios aguardando a una oportunidad más apropiada de explicarte cómo habías domado mi rebelde corazón.
Sin embargo, sólo lo imaginé, imaginé decirte lo bonita que se escuchaba tu risa y lo interesada que estabas en mi bienestar.
Para ti, quien responde ocasionalmente mis mensajes pero vives permanentemente dentro de mi cabeza.

aromarojo
el eterno resplandor se apagó y mi mente está llena de recuerdos. aquí me podrás encontrar.
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