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En el cuartito, para siempre

Mar 20, 2026

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En el cuartito, para siempre
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Deseo con el corazón que no me hayas recordado ni haberte hecho falta. Para mí también fue difícil aprender a vivir sin vos. No voy a mentirte: te recuerdo constantemente, pero también recuerdo cuando dijiste “no me hables más, por favor”. Curiosamente, en ese mismo momento me hablaste de lo mucho que te sentiste mía y de las cosas de vos que me iban a pertenecer de por vida. Yo también tengo muchas cosas en mí que siento que te pertenecen, sobre todo las ganas de casarme.

Tengo que confesarte que la vida sin vos se volvió extraña… o tal vez lo correcto sea decir que la vida conmigo mismo es extraña. Fue muy lindo refugiarme en tus dulces miradas, en tu sonrisa atrevida. Ser el “gordo” al que abrazabas para esconderte de las maldades de este mundo. Ser yo mismo es algo que supe hacer muy bien en la intimidad que supimos construir. Extraño ser yo mismo, extraño ser el que fui cuando estábamos juntos, aunque eso también haya sido parte del problema.

Siento que, antes de conocerte, una versión de mí se puso en pausa… y que esa misma versión se reanudó cuando acepté que no volveríamos a hacer planes juntos, que no habría comidas caseras, episodios de series, mimos, abrazos; que no nos volveríamos a desarmar en nuestro sexo hasta quedar exhaustos.

Deseo de verdad que estés tan bien como imagino. No tengo modo de saberlo, y hace mucho que, de verdad, no sé nada de vos. Fue necesario bloquear tu imagen de todos lados, dejar de poner tu nombre en la lupa y así terminar de aceptar, de una vez, que… nos fuimos.

Te imagino planificando tu semana, comprando productos de belleza de oferta en internet, disfrutando el buen momento del equipo del que sos hincha, sonriendo, robando miradas y la atención de cuanto hombre te mire. Tomando birra con tus amigas, fumando porro, hablando del conjunto de ropa que te querés comprar, de cómo te va en la facu, de los chicos que te gustan ahora, de adónde viajar las próximas vacaciones.

Mi vida dio un giro inesperado y, sinceramente, siento que pasó muchísimo tiempo desde la última vez que hablamos; tal vez sea por la velocidad a la que va mi vida. La cantidad de sucesos y experiencias hace que todo se sienta como si hubiera pasado hace un año. Hace poco llamaste mi atención por este mismo medio. Pensé que había algo que querías que leyera; sinceramente, no te hacía recordándome, me sorprendí. Pero, al ver que solo quisiste insinuar tu presencia, una sensación extraña me invadió, porque fue un esfuerzo descomunal aprender a dejar de buscarte, incluso cuando te pensaba.

Sos una parte muy importante de mi historia, aunque todavía no me senté a analizar con detenimiento todo lo que pasó, más allá de sacar conclusiones obvias para seguir creciendo.

La vida continuó: tengo amigos nuevos, conozco lugares nuevos y me reconecté conmigo mismo. Supe alejarme de lo que me hacía mal y recordarte simplemente como mi tierna y dulce Yu. Dentro mío vive una versión tuya que —intuyo— va a ser difícil de repetir. Ojalá a vos te pase lo mismo conmigo y, si no, al menos espero que te hayas llevado lo mejor de mí.

Los corazones siguen latiendo, la sangre fluye y nuestros pulmones siguen procesando el aire, mi gorda.

Ahora me la paso viajando, escribiendo en el micro, en el bondi o cuando tengo tiempo. Te plasmé en mis letras muchas veces; quién sabe, tal vez algún día tomemos un café y te regale algún texto para que guardes en tu ropero la radiografía que te hice con el alma.

Yo sigo domesticando a mis demonios, una tarea ardua que no pude llevar adelante en el pasado, aunque entendí que no tiene sentido castigarse por lo que no fue.

Mientras tanto, aún te recuerdo. No es un dolor punzante: es más bien como las quemaduras que tengo en el brazo; ya no duelen, pero cuando las veo… recuerdo. Y está bien. Hay cosas que, aunque no están presentes siempre, cada tanto aparecen sin querer, como una foto guardada en la billetera, como una cajita roja con fotos y papel crepé, como la primera birra a la vuelta del laburo, como el primer beso, como el último adiós que nos dimos.

Mi vida, construí un cuartito en mi corazón para que los dos niños que supimos ser juntos puedan amarse y desarmarse hasta que mi corazón deje de latir y se lleve consigo a esos loquitos apasionados que supieron pertenecerse. En ese cuartito, mi amor, sí: va a ser para siempre.

VINO SUELTO

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