Sigo mirando con atención los puestos de flores,
pero no hay una persona a quien destinarle un ramo.
De la reina no quedan ya ni las cenizas
y de la última conquista, apenas un rastro silencioso de tiza,
del castillo que se dibujó en una noche incoherente
sobre el piso a la interperie;
obviamente, se borró durante el rocío de las primeras horas de la mañana.
Las caminatas son más silenciosas,
especialmente ahora que los fantasmas de vínculos anteriores no me pisan los talones
y tampoco quedan las cadenas de los quizá y los "y si...",
y es lo que es
y ya no duele ni molesta,
hay una parte de mí que encuentra una paz inesperada en cada grieta que prendió fuego un puente hacia alguien.
No te estaba rogando, idiota, eso es lo último que me viene a la mente decir...
Te quería mostrar todas las formas en las que podías conservarme en tu vida
y que aún así, fuiste vos quien decidió sacarme de ella,
así para ambas partes está clarísimo;
para mí ahora que avanzo como si hubieras muerto
y para vos, que un día vas a querer retroceder sobre tus pasos
y no vas a encontrar camino abierto.
Idiotamente, pensarás, he descubierto que no hay apuro
porque las flores seguirán estando en los puestitos todos los días,
incluso después de que encuentre quien merezca que averigue sus preferencias
y se las regale un día cualquiera, porque sí,
¿por qué no?

Florencia Velázquez
Escribo como evidencia de que aún estoy viva. El libro está en proceso, lo actualizo cada vez que me inspiro.
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