ELEGIA DEL MUERTO POBRE
Claveles blancos rojos y amarillos,
y hasta los azules y violetas, colores falsos.
Olor nauseabundo quien advierte el velorio.
Claveles frescos y mojados hasta no dar más.
Agua turbia que alarga la penosa existencia,
de este tallo ya cortado, ya muerto.
Flores falsas y baratas que sobrellevan la pena,
de llantos sinceros y también obligados.
¡Que descanse en paz!
Aquel fiambre encajonado,
que ni puta idea tiene de quién flores le trajo.
El velo taciturno de la infame oscuridad,
cubre tus ojos brillantes y tristes.
Que en la miseria vivieron,
¡Miseria! siempre vieron.
Que, por retinas, una falsa y tonta esperanza tenían.
No sabían…
Ojos infantes de inocente sueño,
Pues tu destino ya escrito estaba por la vagina de tu madre y los testículos de tu padre.
¡Ay pobre hijo mío!
Perdóname por olvidarme de ti y de pedirte que me ames.
De pedirte cuidarme de cuidarte.
Te prometí el cielo eterno,
y bajo tierra con gusanos de tus vísceras estás.
¡Ay hijo mío perdóname!
Cuando cuenta me dí,
ya tomaron tu tierra,
lejana, distante, vacía.
¡¿Quién llorará a los muertos por siempre?!
Cortas y estúpidas las vidas hice.
Llorando llegaste y en silencio te fuiste.
¡¿Quién sabrá cómo lloraste en los últimos momentos?!
No te dejaron vivir en vida y ahora te lloran en muerte.
Olor nauseabundo que anuncia el velorio,
de claveles frescos para un finado muerto.

Alejandro Diaz
Poeta mapuche del desgarro y la memoria. Canta con furia y ternura, entre cuerpos heridos y ancestros que danzan. Su verso arde entre el amor perdido y la raíz viva.
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