mobile isologo
buscar...

El viaje de Elara

Nabbi

Oct 18, 2025

133
El viaje de Elara
Empieza a escribir gratis en quaderno

Elara sintió un frío hueco en el pecho tras el diagnóstico, pero inmediatamente fue compensado por una calidez extraña. Allí, junto a su madre y su Tata, había una cuarta figura.

No era una persona. Era una masa de aire denso y confortante, con un tenue fulgor azul que solo sus ojos captaban.

La muerte.

Su Tata, con las manos temblorosas, le acariciaba el brazo, ajeno a la presencia luminosa. Su madre, con el rostro surcado por una pena silenciosa, miraba a través del punto donde se ubicaba la entidad. Solo Elara la sentía, no con la piel, sino con esa parte del alma que sabe cuándo se ha acabado el tiempo. No hablaba, no gesticulaba. Solo existía, cálida y envolvente, la silenciosa prueba de que ya no había vuelta atrás y de que ella no haría el viaje sola.

Juntos se dirigieron a la farmacia especializada, allí no se vendían curas, sino el necesario olvido.

Mientras caminaban por calles extrañamente luminosas, la muerte caminaba a su lado, sin pasos, sin rozarla, solo existiendo en el borde de su percepción. Elara no pensaba en el miedo a dejar de existir, sino en una frustración intelectual.

"¿Cómo era?" Sabía que morir era un reinicio, un ciclo donde el cerebro se reciclaba y la memoria se borraba meticulosamente. El temor no era experimentar el procedimiento de la muerte, sino a la amnesia total.

– No es morir lo que me asusta – murmuró Elara a su Tata. – Es olvidar cómo era el olor de la cocina, las sobremesas, la forma en que el sol se ponía desde mi ventana. Olvidar que ustedes fueron mi familia. – La muerte azul parecía intensificarse un poco con esas palabras, como si le ofreciera la promesa de que el amor no era una memoria, sino una energía que también se reciclaba.

Llegaron al mostrador. La farmacéutica, de expresión cansada y ojos que habían visto demasiados adioses, le entregó la pastilla azul pálido. Elara la tomó con un trago de agua, sintiendo la amargura de la despedida.

Afuera, un microbús antiguo esperaba. Las personas que se subían lo hacían con una resignación tranquila.

Elara se despidió de su madre y de su Tata, sintiendo el nudo de la pena ajena. La muerte la acompaño, subiendo a el microbús con el mismo fulgor silencioso, reclamando un asiento invisible a su lado. Elara se sentó. El microbús cerró sus puertas con un silbido metálico y comenzó a avanzar.

El efecto de la pastilla era rápido y gentil. Un sueño pesado comenzó a arrastrarla. Se apoyó contra el frío cristal de la ventana. A su lado, la muerte era la última calidez que sentía. Elara luchó contra el adormecimiento, intentando aferrarse a los últimos fragmentos de su vida, repitiendo sus recuerdos más queridos.

Mientras el microbus se alejaba de la pequeña ciudad que fue su mundo, sus párpados se hicieron demasiado pesados. La muerte no se movió, se quedó, como un faro, hasta que la conciencia de Elara se hundió por completo en la luz.

Y en otro lugar, la memoria de Elara se había disuelto, lista para renacer, pero la calidez de la muerte se había quedado en el universo, esperando para cumplir su siguiente tarea.

Nabbi

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión