mobile isologo
buscar...

El Verano Pasado

Mar 23, 2025

158
El Verano Pasado
Empieza a escribir gratis en quaderno

Primer misterio: Los ecos del olvido

La casa de campo estaba sumida en la penumbra. Fuera, la tormenta rugía como una bestia hambrienta, y las luces parpadeaban, luchando por mantenerse vivas. Dentro, el aire estaba impregnado de una tensión silenciosa, una especie de presagio que los cuatro presentes no podían ignorar.

Era el cuarto verano consecutivo que se reunían en ese lugar. Ninguno de ellos había hablado nunca de lo que ocurrió la primera vez que estuvieron allí, pero todos sabían que algo había cambiado para siempre. El peso del silencio era tan pesado que apenas podían respirarlo.

El sonido de las gotas de lluvia golpeando el techo resonaba, como si algo o alguien estuviera intentando entrar. La mesa estaba llena de huellas de tazas de café, cenizas de cigarrillos y restos de comida que ninguno había tocado. Las miradas se cruzaban, pero nunca se mantenían demasiado tiempo. Algo en sus ojos les decía que había secretos que no podían compartir, aunque sus cuerpos estuvieran tan cerca.

“Lo que pasó en la primera noche… no puede salir de aquí,” dijo Rora, rompiendo finalmente el silencio, su voz suave pero tensa, como si temiera que alguien pudiera oírlas, aunque no hubiera nadie más.

Twilight la miró con dureza, como si quisiera gritarle que no hablase, que no provocara lo inevitable. Pero ella no podía callarse. Ya no podía.

“No fue solo esa noche,” murmuró Gena, que nunca había sido de muchas palabras, pero esta vez sus ojos ardían con algo más que miedo. “Lo que hicimos… lo que hicimos está en nosotros, en cada uno de nosotros. Lo sabemos.”

Oliver, sentado en una esquina, hundió la cabeza entre las manos, como si el peso de sus pensamientos fuera más de lo que podía soportar. “No sé si quiero saber la verdad,” dijo, su voz rota. “No quiero saber lo que somos ahora. Lo que hicimos.”

El aire se volvió más denso, casi palpable. Las sombras parecían moverse, como si tuvieran vida propia. Twilight cerró los ojos, su mente buscando un escape, una forma de olvidar, pero no podía. Nadie podía. No después de lo que ocurrió.

La tormenta afuera arremetió con furia. El viento golpeó la puerta, como si quisiera arrancarla de sus bisagras, pero dentro la calma era inquietante. Solo el sonido del reloj de pared, marcado cada segundo, rompía el silencio, haciendo que el tiempo pareciera detenerse y avanzar a la vez.

"¿Qué hicimos?" preguntó Rora, mirando a los otros con ojos llenos de algo entre rabia y miedo. "¿Por qué nunca hablamos de eso?"

Gena suspiró. Sabía lo que todos sentían. Todos lo sabían, pero ninguno podía hablar de ello. Nunca lo habían hecho.

“Porque no se puede,” dijo finalmente Gena, con un tono que era más una sentencia que una respuesta. "Porque si lo hablamos, todo lo que hemos hecho hasta ahora se desmoronará. Y tal vez no podamos vivir con eso."

Twilight apretó los puños, sus dedos blancos, como si tratara de ahogar algo en su interior. Algo que se retorcía, algo que nunca debería haber salido a la luz. "Lo que hicimos en ese sótano, en esa maldita casa… no podemos regresar allí. Y no podemos contarle a nadie lo que realmente pasó. No podemos.”

Rora lo miró fijamente, como si por fin pudiera entender la profundidad de lo que él había dicho. “Pero ya está hecho. Ya está dentro de nosotros. ¿Cómo lo detenemos?”

Oliver levantó la cabeza, sus ojos oscuros como la noche. "Quizá nunca podamos detenerlo," dijo, su voz baja y grave. “Quizá siempre lo llevemos con nosotros. El secreto… lo llevamos con nosotros.”

El silencio fue absoluto, hasta que un susurro en el fondo de la cabaña hizo que todos se giraran al mismo tiempo. Un susurro bajo, como si alguien más estuviera allí, en la oscuridad. “Lo saben.”

Nadie se movió. Nadie habló. El susurro, claro y palpable, pareció venir de todas partes y de ninguna al mismo tiempo. Rora se levantó de golpe, su silla raspando violentamente contra el suelo, sus ojos desorbitados, buscando en cada rincón. "¿Quién está ahí?"

Oliver la agarró del brazo, sujetándola con fuerza, su pequeña hermana estaba temblando de miedo. “No hay nadie. No hay nadie más.”

Pero no podía quitarse la sensación. Esa sensación que había comenzado esa noche, esa noche en la que entraron en el viejo sótano de la casa en ruinas, sin saber realmente lo que estaban buscando, o lo que iban a encontrar. Había sido un accidente, al principio. Un accidente que, de alguna manera, los había marcado. Algo que no debería haberse tocado nunca.

Pero lo tocaron. Y lo desataron.

Gena se levantó, mirando fijamente a la pared. Sus ojos brillaban con una luz inquietante. “Creímos que era solo una puerta. Solo una puerta. Pero lo que había detrás… no debimos haberlo abierto.”

“Lo sabíamos,” murmuró Oliver, su voz quebrada. “Lo sabíamos desde el principio. No íbamos a salir de allí como entramos.”

Un estremecimiento recorrió la cabaña. El susurro volvió, esta vez más fuerte, más claro. "Lo saben."

Twilight dio un paso atrás, su rostro palideciendo. "Nos está buscando."

Y entonces, de repente, todos entendieron. Habían liberado algo esa noche, algo que ya no podían controlar. Algo que había estado esperando, atrapado en la oscuridad de esa casa, en el fondo de ese sótano, y ahora ya no podía regresar a su lugar. Y lo peor de todo era que nunca, jamás, podrían deshacerse de ello. Nunca podrían contar lo que realmente sucedió, porque el precio de esa verdad era mucho más alto de lo que cualquiera de ellos estaba dispuesto a pagar.

Un temblor recorrió las paredes, como si la misma casa se estuviera retorciendo. El susurro se convirtió en un grito sordo, lejano, pero imposible de ignorar. Y entonces, por fin, lo comprendieron.

El secreto que habían compartido, lo que habían hecho… no solo los había marcado. Había dejado una huella en ellos, una huella que los perseguiría hasta el final de sus días.

Lo que liberaron esa noche ya no podía ser encerrado.

diario de una letanía

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión