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el último límite

male

Dec 26, 2025

72
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Me precipito en el abismo que sembraste en mi pecho,

caigo, sin defensa,

hacia un vacío oscuro,

abrazada por el pánico.

Creo haber escapado,

que el martirio ha cesado,

pero el ciclo retoma su marcha, inevitable

y tu sombra regresa a invadirme.

Intento clausurar las puertas

que conducen a tu nombre,

pero un susurro en mi cabeza me recuerda

que, hace tiempo, en mi inocencia,

te confié la llave,

sin presentir que sería arrastrada

al rincón más sombrío

de la soledad y la angustia,

víctima de aquella versión ingenua de mí

que osó protegerte

y perdonarte.

Hoy decidís abandonarme, una vez más,

como si nada,

con la frialdad de quien nunca se detuvo

a mirar el daño.

Asegurás haber cumplido con tu parte.

No lo comprendo.

Reclamás disculpas

como si fueras el herido,

y yo, rota,

te las concedo.

Creyendo suavizar el mármol de tu pecho,

me ilusiono con un pequeño destello de ternura,

pero sólo recibo caricias frías,

manos cargadas de rencor,

de rabia,

y apenas un eco olvidado de amor.

Duele.

Como dolió la primera vez

que me dejaste sin aire,

cuando tu cercanía

se volvió tormenta.

Y aun así seguiste.

Cuando ya no quedaba nada

que pudiera dolerme más,

encontraste la forma.

No lo sabías —yo tampoco—,

pero tu violencia nunca fue ciega:

siempre supo

cómo destruir.

Ese día

me arrancaste algo

que ni siquiera me pertenecía sólo a mí.

Lo poco de vida,

de pureza,

de inocencia

que aún quedaba en mi cuerpo

me lo robaste en un segundo.

Me obligaste

a descubrir el amor más inmenso

que podía sentir

en el mismo instante

en que lo perdí,

cuando entendí que algo había existido en mí

el tiempo suficiente

como para doler

para siempre.

No fue un error.

No fue un accidente:

fue el último límite

que cruzaste.

Ahí entendí

que no buscabas herirme,

sino vaciarme.

Que no te alcanzaba

con romperme el cuerpo,

ni la fe,

ni el amor:

necesitabas borrar

hasta lo que todavía

no era mío.

Y lo hiciste.

Una vez más

me dejás vacía.

Me dejás a mí,

con lo poco que me queda.

Y yo junto los restos,

los junto mal,

los acomodo como puedo.

Me convenzo

de que esta vez no te voy a pensar,

de que esta vez no te voy a llorar.

Pero siempre volvés.

Siempre sabés cuándo entrar,

cómo hacerme tuya,

aunque ya no quiero serlo.

Me prometo una y mil veces no recaer,

pero tu regreso

tiene el sabor amargo de la costumbre,

y yo me hundo otra vez,

sabiendo el final,

pero ignorando

mis propios gritos.

Y así vivo:

con la herida abierta,

esperando que algún día

seas vos

el que ya no vuelva.

male

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