Entregarnos los pecados como pases de noches fantásticas
eriza mi piel de una manera sobrenatural.
Las ventanas luminosas me hacen perder la visión,
y solo siento el calor en mis manos.
Me tomas desprevenida,
haciendo de la luz un escondite
para escaparme de este sentimiento.
¿Y si en una de esas ventanas
hay otro mundo en blanco?
Me dan miedo mis lápices en ti,
podrías borrarte
y no soportaría tal asesinato artístico.
Tomas mis manos
como arena entre tus dedos:
suave, relajante.
¿Cuánto tiempo podrías quedarte a mi lado?
El aire que respiro
se convierte en tus susurros.
Podría dejar mi viaje
y solo reposar mis manos con las tuyas.
Pero tengo miedo,
mucho miedo.
Eres un borrador peligroso
y yo una mujer confundida
con lápices en los bolsillos.
Tengo miedo de que me borres
de ese cálido calor que siento aquí
(tu corazón).
Que decidas mantenerme en un triste gris,
y no pueda volver a tomarte
porque mis colores no son tan fuertes.
¿Será el verde capaz de vencerte?
Tus ojos reflejan todas mis dudas.
El marrón potente interrumpe mis concentraciones.
Entonces, de todas formas,
acepto el destino de perderme
en esta habitación angustiante,
cuerpo a cuerpo,
con la esperanza de que atrapes
y sientas cada uno de mis dibujos.
Que no te deshagas de mi tinta
Hasta que decidas
borrarme un día por completo.
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