A la noche me parece que los sonidos se intensificaran. ¿Es la casa que tiene vida propia? Las paredes se rajan en micro milímetros imperceptibles que recién con el tiempo logramos visualizar con el ojo humano.
¿Cuánto falta para que el tiempo nos derribe a nosotros? Un goteo lento que todos los días cae en el mismo rincón.
Si tuviera que elegir yo, prefería que sea un rayo fugaz, poder sentir la electricidad deslizandose sobre mi piel y, al final del día, irme a dormir con la sonrisa cansada de una gran aventura vivida.
Miradas perdidas, celulares prendidos 24/7, conversaciones vacías.
El tiempo anda sin manos y se desperdicia por las calles de una ciudad chica y gris. Algún día, lo voy a agarrar yo.
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