El SOL Y UN FÓSFORO
En su tratado más filosófico: El malestar de la cultura, Freud asegura que para vivir en sociedad el hombre debe obligadamente reprimir todas sus oscuras emociones… además de tener que pagar aranceles, tasas, municipales y servicios varios (de ahí que se les llame impuestos). Así se fue desarrollando la dinámica evolutiva de las sociedades: en la puja entre las libertades y los históricos poderes económicos.
A finales del siglo pasado hizo su aparición un aparatito que, paradigma mediante, vino a derrumbar los que se creían eran indestructibles pilares de coacción social. Este bichejo dio lugar a la construcción de nuevos limbos, de nuevas tierras de nadie, donde precisamente, nadie es nadie.
El mundo ha descarrilado y ahora vivimos en una emergencia emocional donde el nuevo ideal esnobista pasa por ser o parecer insensibles.
Luego, la pandemia.
Si bien los primeros indicios reaccionarios se manifestaron antes de la catástrofe sanitaria, con el aislamiento social estallaron de forma exponencial en el nuevo y único campo de acción posible: las redes sociales. En aquel distópico apocalipsis se crearon comunidades en defensa de los animales, del medioambiente, del feminismo… Pero también se gestaron otras que nuclearon a los que, escudados tras un arroba y un nombre de fantasía, dieron rienda suelta a su descarga de frustraciones, odios y envidias narcisistas contra todo lo que percibían como superior, peligroso o feliz.
El cambio había llegado para quedarse. Ahora existía un lugar dónde descargar la ira sin recibir reprimendas, sanciones ni represalias: había nacido el paraíso de Narciso.
Curiosamente, diversos estudios estadísticos dan cuenta que la gran mayoría de estos militantes cibernautas son hombres, género masculino, lo que en parte explicaba la necesidad de encontrar un espacio externo dónde descargar tanta ebullición emocional…Sí, justo ahí, en las redes. Las nóveles falanges informáticas, para avanzar con su dinámica pulsional necesitaban algo que surgiría irremediablemente: un líder.
Antonio Gramsci sostenía que para que un nuevo movimiento político se imponga, primero debe lograr la hegemonía cultural a través de la soberanía interpretativa, no judicial sino social.
Estas nuevas comunidades utilizan, vaya paradoja, este concepto materialista para lograr su imposición, estableciendo la hegemonía cultural a través del discurso público por medio de un sofisticado cóctel que mezcla activismo político, cultura pop y lucha cultural, pero, (y ésta es la esencia de la cosa) aplicado en el campo digital, donde ahora imperan y se reproducen sin ningún impedimento coaccionario, ganando así la batalla cultural sobre las mentes de las personas. Tan poderoso es este fenómeno mundial, que lo simbólico imaginario se ve amenazado por el avance de este aparente nuevo e incipiente gran Otro digital: lugar mágico hacia donde también ahora se desplazarían los esenciales filosóficos primer principio y verdadera verdad.
El ingrediente que le falta a esta torta lacaniana lo proporcionan los nuevos liderazgos políticos: diferentes, bizarros... legítimos outsiders. Estos nuevos líderes se construye de la siguiente freudiana manera: Los narcisistas ceden parte de su narcisismo a un determinado ideal del yo con el que se identifican… ¿para crear una figura política?, en lo absoluto, para dar nacimiento a un ídolo sin fisuras ni máculas, un semi dios a quien se le aprueba sin condicionamientos todas sus acciones y dichos; y cuyos propios errores son direccionados hacia un necesario enemigo ad hoc. Y los adeptos a esta nueva incólume entidad representativa de liderazgo, en lugar de seguidores políticos, ahora se auto perciben como fans.
En definitiva: La burda y narcisista literalidad desplazando al simbolismo.
Vivimos en una época donde cualquier distopía pareciera ser posible, y en el que un aparatito cuya función era acercar a las personas mediante la comunicación, paradójicamente creó un mundo emocionalmente unilateral que nos presenta al otro como un potencial rival a vencer. Creo no equivocarme al pensar que estamos en la antesala de una nueva forma de esclavitud sin grilletes ni látigos, porque al contar con nuevas y poderosas plataformas comunicacionales y de entretenimiento, estos ya no son necesarios.
Ya nada será igual. Y creo que este nuevo y sofisticado sojuzgamiento será tan complejo y ABSOLUTO, que la filosofía, las dinámicas evolutivas sociales y la democracia llegarían a desaparecer. Incluso, me atrevo a especular que la natural evolución de las fuerzas productivas pasaría a ser un nostálgico y lejano recuerdo.
Creo que tan grande será la dominación, y tan subjetivo su accionar, que hasta para poder encender un fósforo deberemos pedirle permiso al sol.

Roberto Dario Salica
Roberto Darío Salica Escritor de Córdoba, Argentina. A la fecha, ha publicado cinco libros, uno de cuentos para niños, poemas, relatos de la infancia y de relatos fantásticos.
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