El eco del recoveco de mi pecho
es la última compañía que me queda.
Antes había un nido de pájaros que alegres cantaban
y traían ofrendas al roble que los cobijaba.
Pero así como fluye el río, fluye el tiempo
y el verano pierde sus colores estivales.
Volaron esos pequeños ruiseñores
buscando un lugar más cálido.
Y yo sé que no es mi culpa que el mundo oscile en veranos e inviernos.
Pero aun así me pregunto si se hubieran podido quedarse
si yo fuese algo más que un roble.
¿Acaso puedo yo decidir ser algo más que un roble?
¿Y si puedo, porque no lo hice antes de que se marchen?
¿Siquiera quiero ser algo distinto?
¿O será que soy capaz de vender mi esencia
solo para escuchar un canto que me distraiga
del eco del recoveco en mi pecho?
Se puede tallar la madera para ser una pajarera
o incluso incinerarme para dar calor.
Qué cobarde de mi parte, árbol anciano,
capaz de mutilarme con tal de que el silencio se ocupe.
Los robles somos fuertes, resistentes. Toleramos las tormentas.
Yo quiero ser una palmera que no tiene que resistir, solo se dobla.
Resistir cuesta tanto. La fortaleza no es virtud para los débiles
ni la flexibilidad algo dentro de mis posibilidades.
Así que solo me queda otro invierno acompañado
por el eco del recoveco en mi pecho.
Probare cantando mis propias canciones
para que el eco sea de mi armonía
y no de mi soledad.

Guido Boggio Marzet
Argentino, quizá demasiado. Escribo poesía y otras cosas, a veces no se muy bien que la verdad, pero lo importante es participar.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión