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    El prisionero

    Abr 26, 2024

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    El prisionero
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    EL PRISIONERO II

    - ¡Extraño mucho mi hogar!... Aquel universo verde donde vivía en total libertad. Extraño las tardes de calor cuando, luego de las lluvias, las grandes hojas presumían de perladas gotitas que adornaban sus bordes rugosos. Extraño la maravillosa sensación de libertad que sentía al correr por los senderos de la selva, hasta que, extenuado, me detenía con mi oscura estampa bañada de sudor y felicidad. Y ahora estoy en esta extraña prisión que imita lejanamente a mi amado terruño. ¡Fue todo tan vertiginoso! …  Caminaba tranquilo por la foresta, y de pronto un fuerte golpe en la cabeza me dejó sin sentido… Y ahora estoy aquí, en este extraño e interminable sueño del que quiero despertar… o tal vez esté muerto, y este sea el lugar donde habitaré por toda la eternidad… no sé… ya no entiendo nada… lo cierto es que ahora debo lidiar con la ansiedad de mis captores cuando, vanamente, intentan comunicarse conmigo… y yo también con ellos, así que la frustración es compartida. ¡Qué raros son!: muy parecidos a mí, pero mucho más altos y muy blancos, siempre vestidos con rarísimas ropas, también blancas. Todos los días aparecen frente a las rejas, y luego de hablar entre ellos, alguno me dirige la palabra, haciendo gestos y cabriolas con la desesperada intención de que yo entienda lo que tratan de decirme, pero es en vano, porque además de no entenderlos, tampoco logro comunicarme con ellos. ¡Cómo quisiera decirles que yo, como ellos, también pienso, amo y vivo… Que deseo despertar y encontrarme de nuevo en mi añorado mundo verde, o, de ser esto real, que me concedan la libertad para irme lejos de aquí. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos y también de mis grandes saltos, gestos y gritos, nunca logramos entendernos… O casi… Porque sin que ellos lo sepan, he aprendido a repetir la primera palabra que me dicen cuando vienen a verme y, que supongo, es el nombre con el que me han bautizado. Es una palabra cantarina, casi graciosa, y que yo repito cuando ellos no me ven: monito… monito… monito…

     

    Roberto Dario Salica

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