No sé exactamente cuánto espacio ocupa la incertidumbre en mi vida. Pero hoy me doy cuenta de que estoy cansada de pagar su precio.
Cansada de sostener. Cansada de interpretar. Cansada de adivinar. Cansada de esperar.
Esperar respuestas, señales, certezas. Esperar que las piezas encajen. Esperar entender lo que el otro siente, piensa o quiere.
Y mientras tanto, dejarme para después.
Hay un momento en que una empieza a preguntarse si el cariño que siente por alguien compensa toda la energía que consume intentar entenderlo.
No porque el amor tenga que ser simple. Pero tampoco debería convertirse en una búsqueda constante de explicaciones.
Hoy no quiero correr detrás de respuestas.
Hoy quiero volver a mí.
Preguntarme qué necesito. Qué siento. Qué me hace bien. Qué me devuelve la calma.
Porque quizás la paz no llegue cuando desaparezca la incertidumbre, sino cuando deje de entregarle tanto espacio dentro de mí.
Y hoy, aunque sea por un momento, elijo recuperarlo.
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