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El pliegue del descaro

Pico

Mar 17, 2026

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El pliegue del descaro
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El pliegue del descaro

Acto l

La pérdida

-¡Pico querido! ¡Vacío quedó tu bulín! Cuentan los malevos que hoy ellas te piensan el 32 de cada mes, mientras presumen de ya no soportar el frío que sentían en verano con solo verte aparecer, ¡si serás eh!
Quizá ya no te baste alentarte por medio del romantizado autoflagelo con los estímulos que estas te dan como paloma presionando un botón por comida; como si estas fuesen tu fusta de algodón, más la satisfacción que te estruja el pecho cuando les das vida desde el pensamiento ha de justificar cada herida obtenida después de cada dosis de amor que usás como escarpelo para tu corazón.
Te quedaste sin alba por observar, ni cántico de benteveo por escuchar que persiga y atrape el anhelo de reemplazar aquellos picos de dopamina que más por ellas que por adicto conseguías y que por los susodichos hoy tu lápiz ha de llorar.
Pero Pico querido, tranquilo che... no te alarmes por estar solo, ¡que quién carece de compañía se acompaña de soledad!


Vos ni siquiera estabas acá, no sé cómo te llevaste a vos mismo a este punto, había vuelto a creer en vos eh, me verseaste con eso de la "la recompensa de la rutina y lo aburrido", me hiciste creer que los picos de dopamina no eran buenos para nada ni para nadie, que estar persiguiendo constantemente cosas que veías alejarse era algo que no ibas a repetir desde que creíste asumir la responsabilidad de que cada persona maravillosa y bienintencionada que se te acercaba terminaba dándote asco en algún punto solo por el mero hecho de no traer algo malo atrás, cosa de que, al ser verdad y no traer males entre las manos como pensabas, terminaras inventándoselos vos solito. En un punto dejó de importarte la coherencia, lo sensato, lo responsable, lo cuerdo y lo humano de las relaciones que manejabas porque te ahogaste tanto queriendo vender que era lo que necesitabas cuando en realidad siempre te hizo falta un buen cachetazo de la vida y un grito que te diga "dejá de autosabotearte con boludeces porque vas a terminar más solo de lo que ya te sentís", dicho y hecho; te sentís así más por elección que por admitir tu negliencia en cada uno de los vínculos que viviste y humillantemente hiciste vivir a quienes compartieron un poco de su esencia con vos.

Pero vos, que siempre quisiste lloverle a la lluvia, mojar al agua. Vos, que siempre anhelaste sentir corazones con los ojos abiertos, que quisiste darle voz al silencio y robarle lugar al espacio, hurtar luz a los astros, conceder deseos a un genio, que la lámpara sea quien te frote y que no sea el amor ni la muerte una excepción al pedir. Vos, que veo a tus flores soplar dientes de león, que observo a tus manos puestas sobre el fuego por la misma persona que lo encendió. Vos, que la mirás mientras la sentís mojarse tras alzar una bandera blanca; vos, que buscas lo que no hay donde no está y lo encontrás igual. Vos; que buscás pestañas entre tus dedos para mendigarle un deseo más al destino; vos, que sos quien juega a ser mariposa cuando la distancia entre tus ojos y aquellos pómulos es la misma que te permite escucharlas respirar. Vos, que sos quién teme de la mano en la hoguera cuando la primera todavía no quema y vos que sos quién busca siempre en la misma reja el timbre de una voz, pusiste el alma sobre la mesa y con un cerdo en mano fuiste de farol frente a tus cohetes de bolsillo, y perdiste.

Estás lúcido por primera vez en tu vida, pero también a punto de saltar, siempre a punto, ya no pensás en si estará o no su pecho para amortiguar tu peso al dejarte caer, solo podés imaginar cómo será el calor de su colchón de brazos. Es la primera vez que ante tal maravilla no sentís envidia, sólo admiración, si es que ves a la vida y sabés que hasta la desnudez puede ir bien vestida.

Acto ll

Opresión

Dígase de este capítulo que es una efeméride personal transcrita desde un rejunte de cartas de descargo, pedidos de auxilio y despedidas a medias.

-

De un genio a un loco, hay solo un salto de cuerda
hay mucha vivencia detrás de quien farda de estar muerto en vida.
Dejó de preocuparme el miedo a sentir y hoy conozco solo dos pesadillas: la incertidumbre y la indiferencia. ¿Cuántas veces he de pedir ayuda para que me dejen morir en paz? Mi ángel de la guarda está más deprimido que yo. Y los gallos dejaron de cantar porque los despierto yo a puro sollozo y llanto exagerado.
¿Qué tendrá el sol que no puedo tocarlo? ¿Tan orgullosa es la luna que no puedo palparla?
Me paro frente al espejo y recito casi que de memoria: "te estoy viendo, fiel intérprete de sombras ajenas que a duras penas se sostiene. Tenés los nudillos sangrando por tantas puertas tocar. Jugar al ring raje en la casa de la esperanza no sirve si por miedoso corrés antes de saber si te abrieron la puerta o te dejaron esperando".

-

Hoy no llueve dentro de casa, pero afuera y adentro hay rostros mojándose igual. Hay gente cuya frente se humedece entre jadeos y agite mientras otros hacen de sus pómulos paraguas anti-lágrimas, al fin y al cabo, el sol sale para todos.
Hay indigentes abrazando el rocío del afuera, donde también habrá algún que otro viejo amor salivando labios pensando en los míos.
Hubo, hay y habrá siempre lo que nunca un "siempre" pudo durar; pero nunca habrá olvido donde el corazón preste espacio a la mente a recordar.

Mañana quizá aprenda a soñar, hoy me basta con el presente, pues presumo estar preso por mi ansiedad así mi edad pase de verse como un número menos antes que un número más con el pasar del tiempo.
Nadie quiere escucharte hablar de cuánto te odiás.
La respuesta siempre da igual cuando se vuelve formalismo el gesto de preguntar ¿cómo estás?
Tengo lleno el cuadernillo pero vacío el tórax, a tal punto que hasta podría Eros fallar al apuntarle a un corazón que no está. Tengo de pasiones, un mapa dibujado a mano y uña en la espalda y entre mis axilas siempre un libre lugar para un abrazo.
Cuatro cartas en un frasco, marcas en un brazo y unos ojos ciegos que saben cómo uno puede perder la vista más nunca la mirada.
Guardo también algun que otro auxilio y en momento de delirio recuerdo que adeudo rencores. Tengo cuanto quiero, ¿Cuánto tengo, no?

Dos dedos en la nuca y casi que gimiendo me pregunto: ¿por qué respirás tan fuerte?
Mis codos están dejando cráteres en mis muslos, sin embargo seguís con la mente en blanco. ¿Quién te enseñó a abrazar así?

-

Has de venir a mí en busca de agradecimiento y comprensión, esperás retorcerte de alegría al verme hacerte caso, pero no sos más que sucio despojo y basura que guarda mi neurosis. Te sentís útil cuando decido antes por vos que por mí. Bailás, bailás y bailás pero tus pies están llenos de culpa y carecen de ritmo.
¿Esperás que te agradezca el haberme señalado dónde está el mal que no veo ni existe? Porque no sos más que eso, sucia ansiedad.

Quiero abrazar el miedo de poder sufrir pero no me dejás, ¿y si me quiere de verdad? ¿y si no me va mal? ¿y si me sale bien empezar?
Tendría que matarme para callarte, sin embargo me aterran los filos y sé vomitar.
Pero qué miedo me das.

Acto lll

La dedicatoria

Si existe una persona capaz de definir al amor, que levante la mano, que así esté en la otra punta del mundo la veré, pues bien sé que no hay tal ser humano; un concepto tan subjetivo y precioso como lo es el amor no puede limitarse a ser definido. Por respeto a eso y a mi ignorancia acerca del mismo, suelto una dedicatoria a cada esencia compartida que pude disfrutar gracias a las incongruencias y las coincidencias de la vida.

Néllie: discúlpeme usted el descaro de la mención, pero su paso en mi vida no ha sido de corto impacto como para no mencionarla en este artículo, con mucho amor le dedico este apartado:

Mi desesperación por escapar de la desidia me arrastró acá. En primer lugar escuché tu nombre de quien menos esperaba y, cuando tu seudónimo resbaló por su bezo, sabía incluso sin encontrarte que te había buscado toda la vida.
Defendí a capa y espada el haberte ya conocido sin que ante mí se revele ni tu figura ni tu rostro, pero también soy culpable de saber que estaba tan desubicado como aquel juega a no pisar relieves de la senda solo en límites de andenes.
Yo, que vine como ángel y te presentaste como demonio ¿a qué dios he de rezarle si antes de mediar un saludo imploro matrimonio?
No habría imaginado un mejor lugar donde el primer chispazo cobre protagonismo, en la facultad de lo escénico.
En lo correcto está quien dice que el arte es dependiente de los ojos del que mira, pero con un mal cruce de miradas pusiste un velo negro por encima de mis ojos para decirme "cerralos, y decime si lo que sentís es mentira".
Mi juego de varón pétreo que vive por fingir se esfumó cuando el eslabón rozando contra una piedra para dar fuego a nuestro primer cigarrillo compartido fue el único pretexto que encontré para romper nuestra distancia.
¿En qué mentira voy a reposar ahora que la devoción empieza a nublarme el juicio?
Pómulos pronunciados, un pelo que dibuja una S infinita con sus ondas, ojos de gato, muecas de muñeca que acompañaban tu sonrisa de marioneta; un sarcasmo intrigante y un juego de seducción que invita a pelear.
Rompí el hielo con la evasiva del vicio, la química recién estaba por dar lugar a la fusión y, aunque solo un "hola" te ofrecieron mis nervios, ya podía verme derretido a tus pies.
Nella de alias, donde no veía la hora de derretirme a tus pies, empezamos a compartir cigarros por necesidad. Paso a paso entendía más que por vivir en tus tobillos moriría en tus talones. Eras mi sueño descalzo y yo un sonámbulo.

Hace menos tiempo del que me gustaría, escuché decir a quién hacía de mis noches las suyas y de mis palabras solo agua, que yo necesitaba ayuda. Que no conoció un corazón tan agridulce como el mío; que no conoció mortal tan cínico como el que yo le mostré, aquel que jugaba a ser Dios acariciando con una mano y golpeando con la otra. Presa de la desesperación buscó algo a lo que señalar que justificara el por qué de mis acciones, empezando por conceptos abstractos como el contexto en el que estábamos; el pasado que conscientemente arrastro; la erosión de nuestras personalidades transformándose en el proceso de conocernos hasta volverse incompatibles; e incluso, hasta la falta de amor recíproco. Todo y más para optar por tirar del mantel con las copas sobre la mesa poniendo en ridículo todo lo que en algún momento parecía coherente, dado que en nuestros últimos días decidió dejar de buscar un chivo expiatorio que argumente mis movimientos, y apuntó su dedo contra mí.

Llenó su boca hasta atragantarse con agravios que ni mi glosario conocía, y eso que mi vasto diccionario siempre se jactó de ser inmarcesible e insuperable, dicho desde el ego, claro. Pero, ¿por qué?
Esa sucia peripecia se robó el respeto que tenía por nosotros, yo, que te amé desde la devoción en voz alta mientras a solas supe escribir "vivir sin amar no es vivir pero vivir para amar es esclavitud". Yo, que enemisté mis ideales entre ellos para hacerte un espacio en mi pecho; yo, que aún sabiendo que nacíamos de una equivocación decidí dejarte el control de las cuerdas a vos, sepultando mis fantasmas del pasado humillé toda mi experiencia para cometer el error de reafirmar nuestro error.
Y, ¿para qué?

Para qué, si hoy estoy más solo que nunca, digo desde la ironía de saber que nunca estuve solo, pero mas roto que sólo supe hacerme.

Y si de casualidad necesitabas la respuesta: , siempre estuve roto, nunca conocí nada hecho ni estable, mis tutores cambiaban como mi dieta; mis amistades en la infancia solo se sostenían en medida de cuánto provecho podían sacarme; no conocí casa a la cuál llamarle hogar; no supe a quién decirle papá ni por qué mamá no se daba vuelta cuando mi boca solo "ma" sabía pronunciar, previo a mis trece años me invitaron a más velorios que a fiestas de cumpleaños; previo a los diez mi rostro nunca volvió incólume a casa cada que intenté salir a jugar con mis amigos; recién a mis nueve, pude hilar oraciones aprendiendo a hablar casi recién en la preadolescencia, y para quién solo ayuda quiso pedir por años, no fue una alegría lograrlo tan tarde.
"Todo es sobre mí, todo es para mí, todo gira en torno a mí y todo pasa por mí" era la única idea que creías que rondaba en mi cabeza, yo, justo yo, cuya única muletilla de dos letras expongo en cada escrito, siempre pero siempre dije que te equivocabas.

Quizás todo esto pueda solucionarse con un encuentro, pero me desprendí de la iniciativa que nos juntó más de una vez porque con vos conocí el pánico de la humillación, eso sí; no me malinterpretes, la distancia sabe negarme nuestro abrazo, no mis ganas de abrazarte.

No me tomes por algo que no soy, no escribo por vos ni por nadie, no quiero tu validación ni el goce de un "alguien". Publico lo que quién lee ve público sin intenciones de ser visto, ratificado ni mucho menos aplaudido. No busco desnudar ningún alma que no sea la mía, y eso que esto último nunca lo consigo.

Hoy veo todo más claro pero porque nada veo, todo está callado y duermo en la cama de vidrio que me arrenda la monotonía a la que me entregué, mientras de noche me castigo con el frío de dormir destapado, si es que después de conocer tu torso desde el tacto, desconozco de algún abrigo que replique su calidez.
Rompé esta pared de porcelana, por favor, pero sin peros, que con tus condicionales no sé amarte en condiciones. Este papel ya no me va y, entre vos y yo, no era yo a quién se le daba el don de la actuación.
Bécquer supo decir "poeta, es aquél que saca de la nada un mundo", y si nada en mí veías tal y como dijiste, ¿cómo he de etiquetarte después de hacer de tu nada favorito un sauce llorón?

-

Adduca: es una falta de respeto para ambos presentarme otra vez luego de tantas balas perdidas, pero bien conoce cada uno su lugar en la vida del otro y aunque yo siga en falta y usted faltando, su paso por mi vida amerita un espacio en lo que será mi mayor proyecto y mejor legado. Con más amor que desidia, te dedico esto.

No tengo forma de empezar esto, siento que camino en la cuerda floja sobre las tiras de su top blanco mientras elijo creer en este amor como aquel agnóstico resignado que se entrega al teísmo por el miedo solo a no saber qué hay después de perecer
me hubiera gustado hacerme a un lado eligiendo dormir para idealizarla sabiendo que por fin entendí que lo perfecto queda más perfecto en la imaginación pero ¿qué sería de este dolor sino el souvenir de regalía que acompaña al hecho de amar en ausencia de la reciprocidad?

Confieso que busco que me bese desde los tobillos hasta las pesadillas, que no me extrañe cuando duerme pero que me sueñe cuando se haga de día, aunque ya no encuentre sombra ni debajo de mi techo y haya movido el árbol tanto ya para ver algo caer ignorando que nos fuimos por las ramas más veces de las que sus manos se fueron con un ramo.

¿si su boca goza de llamarme amigo por qué en cada beso su lengua pregunta en braille si nuevas amistades le dan abrigo a mi cuello?

Violentame o veme lento que si no ves frutos rápido es porque vengo de plantar encina, de las bellotas brota fortaleza, más no presumiré de resistencia si me abandona la misma cada que me exilia de tus brazos.
Memoricé de su cerámica los patrones, otorgué más por alborotos que para silencios, y yo que me cansé de mendigarle dos palabras mas en cada monosílabo leído, dibujé haikus con sus mensajes en mis manos diciendo mas veces "peros" que "te amos", a la altura de cada "basta", alineándolos en cada uno de sus "sin embargos".

Más no sabe mi mapa donde meterse mas cruces, si he de naufragar en sus costillas dígale de mí que aún no la busco y ya no me encuentro, que ya no me quiero mas de lo que nos quiero, y ya la llamo más de lo que la extraño. Dígale que ahora río más por miedo que por ego cuando canto más de lo que callo y pierdo más de lo que gano. Dígale ahora que mis heridas cicatrizan en sus puntos y sin embargo basta con decirle que la amo.

Dieciséis de marzo, pude palpar tus labios otra vez y yo maldigo mi suerte mientras vos agradecés la bendición de mi desgracia; me encuentro con que hay belleza en la distancia desde que la gracia de esta naciese del cese de nuestros besos y abrazos en trueque de lágrimas brotando de ojos de vista borrosa y cierres a portazos.
Lazos que a veces trato de sacar de mi vida, pero mi vitalidad dicta que pida por una más de tus caricias; y yo que tan adicto a los vicios nací, creí que tu amor era herejía mas no valentía; triste error terminar en el mismo punto de partida si es que yo por un roce de tu tórax mataría; por un segundo de tu compañía viviría y tan solo si en retorno contaríale a mi abuela que he vuelto yo a reposar en tu regazo.

¿Tu amor? Definición de plusvalía: sos la peor infección de mi vida cual herida segregando pus desde un corazón abierto a plena luz del día.

Hoy el gato ya no hace ruido en el techo pero lo escucho de a ratos y trato de hacerme el desentendido pero él rompe los cables que yo ato y no sé si adoptarlo o echarlo, ¿quién sabe qué busca el gato?
¿Se entiende? Sos el gato rompiendo las reglas que vos pusiste pero yo acato, y aunque todo hoy es más inflexible y compacto el contacto cero hizo que al escribirte tu respuesta se nutra de cero tacto.


¿Mi reloj? Intacto, las horas pasan rápido y empiezo a temerle a la posibilidad de la existencia de tu lápida, me castigo al imaginar que algo te llegara a pasar y no estuviese yo ahí para cumplir por fin nuestro último trato: un abrazo de reinicio y otro beso despacio.


Hoy al sol lo noté un poco más cálido; estas últimas mañanas venía palpando tu recuerdo en la borra de mi café mientras revolvía una y otra vez... no sé si dentro de la taza o dentro de mi cabeza es que lo hacía, solo sé que en ambos casos pensaba en vos.
Me acordé el nombre de tu perro al despertarme hoy; ¿por qué? Ni la más mínima idea, pero ¡qué enérgico y contradictoriamente tímido era Angus! Una versión en miniatura tuya pudo haber sido tranquilamente.
Todavía tengo presente cuánto me salvaste, gracias a Dios hoy todo está tranquilo por acá; me despierto a las 4 de la mañana porque en mi falsa película dramática encuentro cierto romanticismo en el asomar del sol y cómo la lentitud con la que lo hace metaforiza cierta timidez humana; como quien teme dar un primer paso, o tirarse de cabeza a una nueva experiencia.

Creo que por fin hoy me costó más recordarte que vivir, pero sin embargo, no quiero olvidarte; no me queda mucho por hacer si me es involuntario así que de antemano me disculpo por la indiferencia próxima a llegar. Aún así, está en mi voluntad el llevarte en mí en cada paso que doy tal y como te llevo en mi pecho grabada.

Supongo que por fin dimos un salto y pasamos de un "ya va a pasar" a un "está pasando"; el fuego se está apagando y sin embargo ya no quiero preguntarme más quién o qué lo encenderá otra vez si la respuesta no se acerca a tu alias.

Ya volveré a verte de reojo en tu vejez
o tal vez piense en el espacio entre tu cabeza y tus orejas
cuando arranque una flor otra vez.

Acto lV

El comienzo

Se opinará más de la no-relación de los actos que de los actos en sí, pero desde que tengo uso de la consciencia, escribo por y para mí, porque en un mundo donde solo quiero ahogarme, cada letra es una molécula más de oxígeno. Especial dedicatoria a mi ansiedad, y a quienes supieron hacer de la chispa que albergo, una llamarada con mi corazón.

Firma con amor: Pico.

Pico

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