A veces se siente como si siempre llegara después de alguien más. Como si su lugar en la vida de otros estuviera marcado con un "por si acaso". Está cuando la necesitan, escucha, cuida, se queda... pero en el fondo sabe que no es la primera a la que llaman, ni la que eligen sin dudar.
No es que no la quieran, es peor: la quieren a medias. Lo suficiente para no perderla, pero no lo suficiente para ponerla en primer lugar. Y eso duele de una forma silenciosa, constante, difícil de explicar. Porque no hay un rechazo claro del que defenderse, solo pequeños gestos, prioridades que nunca la incluyen del todo, promesas que siempre se cumplen después... o nunca.
Aprendió a no pedir demasiado, a conformarse con lo que le daba. A celebrar migajas como si fueran banquetes. Pero en las noches, cuando todo se queda en silencio, aparece esa verdad que no puede ignorar: quiere ser elegida, sin dudas, sin comparaciones, sin planes de respaldo.
Y aunque sigue ahí, intentando no romperse, una parte de ella empieza a cansarse de ser siempre la segunda opción... porque en el fondo sabe que merece ser la primera de alguien.
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