Llevo la etiqueta de "vulnerable" como una suave bufanda bordada: consuelo y maldición. Soy de palmas abiertas y un corazón que insiste en ver la arquitectura de la eternidad en cada mirada fugaz. Creo en la calidez imposible, esa que finalmente derrite las partes más profundas y protegidas de mí.
¿Pero esta creencia? Es también el punto débil.
Cada vez, el guion me resulta familiar: me inclino, temblando, ofreciendo toda la luz y la lealtad feroz que poseo. Quiero sentir el ancla del amor de otro —no solo el reflejo del mío— que me sostenga firme. Necesito la simple y devastadora certeza de que yo también soy digna de la grandiosa y exigente pasión que tan libremente entrego.
Y sin embargo, he aquí la cruda y fría certeza que no puedo sacudirme: fracasaré. No estaré a la altura del mito que persigo, o, aún más cruel, aquel que encuentre inevitablemente no estará a la altura de mí. El final ya está escrito, un silencioso temor que ensombrece el principio: una mano se retirará, una luz se atenuará, y me quedaré solo con el plano vacío de lo que buscaba.
Y aun así, sigo mirando. Porque este anhelo de dar y recibir amor no es una elección, es el latido fundamental y aterrador de mi corazón.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión