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    . El pequeño sendero .

    ViTra

    Aug 4, 2024

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    . El pequeño sendero .
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    "Sé gritar hasta el alba

    cuando la muerte se posa desnuda

    en mi sombra"

    Pizarnik.

    Todo el peso de aquellos. La cruz de los odios, derretidos en lágrimas. El agobio como lugar. Los hombros hundidos de alguien con los labios cocidos desde las uniones rotas. Tantas risas y desapariciones, tantos abusos y derrotas. El útil chivo que camufla otros pecados de las bocas que hablaban de amor sin calor. Mientras los cuchillos entraban y salían del desastre, hecho donde nadan los ríos y ya no redunda la sonrisa, como sentires de guerra. El agobio de la madrugada, donde no hay barco que acerque a la tierra soñada.

    Las oportunidades mueren en el desorden, gritan al silencio del pasado oscuro que aparece como fantasía del devolver el arrebato y perecen en las heridas de alfileres que viven en el anhelo de lo irrecuperable. Pero nada vuelve y no es más que la risa de la muerte que guía progresivamente y las grietas se sienten cada vez más fuertes. El viento pega en la cara como brisa de segura violencia y profunda ensoñación hasta que la ayuda de un empujón lanza de los estribos del vagón y mueren hasta las letras. Las noches eternas y los amaneceres desgarradores. Dónde enconntrar el amor por las estrellas si ha muerto el empeño en cada día de ellas. No hay dulce que pueda con la enfermedad tan ajena cual propia, que aúlla en la noche dónde se pierde el brillo de las aves que renacen en el infinito de la vida.

    Tocan las campanas que se funden con la luna. Retumban como las voces que se pierden en la vibración que perturba las aristas del sonido en la muchedumbre de su particular forma. El pueblo se desliza por el firmamente buscando un lugar y dos momentos dónde las luces y las sombras vuelvan a estar juntas.

    Por la ventana empañada incesatemente en la lluvia ácida que agrieta las heridas de todas las madrugadas, se observa el sendero que, al final, en el explotar se vislumbra, dejando el movimiento con la ausencia del todo. Lo acompaña un cuerpo vacío que insiste en el abrazo al orbe atado en el hilo de parir una reconstrucción de los años, al deseo del absoluto continuar desprendido en el azar construido de la destrucción de la dirección de la dirección, la propia.

    ViTra

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