20 de Marzo, 2023
Paraíso complejo, repleto de niños, muy asemejado a nunca jamás, aunque en cierto modo, es un lugar de niños perdidos que no fueron cuidados con cariño.
Subo a una especie de nave espacial y doy un recorrido a una misión secreta, la adrenalina y la emoción invaden mi cuerpo. Tengo miedo, pero no desisto, la niña dentro de mí lo anhela.
No hay adultos aquí, pero recuerdo que soy uno. ¿Debo dirigirme hacia donde están todos ellos debatiendo acerca de un tema que no me interesa? Pero entonces una habitación llama mi atención. La veo, es oscura, pero estoy seguro de que escucho murmullos. «Vete, este no es un lugar para ti». Yo me acerco, sin embargo, dándole razón a todas las personas que alguna vez me llamaron terca.
Lo que hallo es una maravilla. Un grupo de pequeños vestidos con adorables trajes de animales. El que, aparentemente, es un oso, me mira como si quisiera contarme tanto, pero el reflejo de miedo en sus luceros cristalinos me crea un nudo en la garganta.
¿Y qué hago? Les cuento la maravilla de ser un niño y ellos me escuchan emocionados, mientras empiezan a parlotear acerca de su obra de teatro.
—Yo también tenía sueños —les digo—. Quería pertenecer a un grupo de teatro, así como ustedes.
Y el adorable osito me mira ilusionado, sus amigos toman confianza acercándose mí.
—Quería hacer ballet también, pero me temo que ya estoy muy grande como para empezar algo así. —La desdicha en mi voz al recordar que mi débil cuerpo no posee tanta flexibilidad, se refleja en mi expresión.
¿Y ahora qué? Si perdí cualquier rastro de motivación que hacían que mis deseos fueran la clave de mi existencia. Aún así hablé con todo el anhelo de que mis sueños se hicieran realidad alguna vez. Les hablé desde el corazón, porque no hay nada más hermoso que ayudar a un niño a expandir sus alas, que si alguien se había atrevido a siquiera hacerlos dudar de su capacidad para volar, se las vería conmigo.
Al final, ¿qué más puede hacer una persona como yo, a la cual le arrebataron hasta la inocencia?
Y nos reímos, jugamos, nos contamos nuestros secretos que nunca antes habíamos dicho en voz alta. Adoramos nuestra existencia. ¡Qué alegría nos dio ser un niño!
Qué extasiada me sentí al sentir a mi yo pequeña ser feliz después de tanto tiempo.
Pero en la despedida, la única que tuvo que decir adiós fui yo.
Espero que jamás me olviden, porque yo no lo haré.
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