Hay personas que llegan despacio.
Tú no.
Contigo todo ocurrió con una naturalidad que todavía me cuesta explicar. No tuvimos que aprender a conocernos; fue como si la conversación hubiera empezado mucho antes de que nos encontráramos. Bastó una tarde para que el silencio dejara de ser incómodo, para que las horas dejaran de sentirse largas y para que la idea de mejor amigo empezara a tener un rostro.
Nunca pensé que el amor pudiera parecerse tanto a la tranquilidad.
Antes de enamorarme de ti, me enamoré de la facilidad con la que existías en mi vida. De buscarte para contarte cualquier cosa, de reír antes de terminar una historia porque sabía que entenderías el final, de descubrir que había encontrado un hogar en una persona.
Si alguien me preguntara cuándo empezó todo, mentiría si dijera que fue el día en que te amé.
Empezó mucho antes.
Empezó el día en que te llamé mi mejor amigo sin imaginar que, algún tiempo después, ese nombre terminaría quedándose demasiado pequeño.
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