EL NOMBRE DE LA LIBERTAD
Lo acosaron con tejidos de lana, de algodón, lo acosaron con tijeras y cuidados malignos.
La prisión fue de tal invisibilidad y desmesura que resultó imposible imaginar una puerta. Por lo que nunca se distinguió el estar adentro o afuera.
Lo atosigaron con las manos de los pájaros envuelto en una gran estrella movediza.
Lo persiguieron con correas de perro y chispas en los sables del tiempo, lo persiguieron con portones y puertas cerradas amenazando su esperanza.
Lo afeitaron con jabón y migajas de navajas, para pertenecer.
Por las contradicciones del asfalto lo extraviaron entre locuras y exilios.
Con cordones umbilicales lo agobiaron de euforia,
lo acorralaron de encantamiento e hipnosis por los rosados pasillos del erotismo.
Lo abismaron de espumas y aleteos de torre marina en un dato biométrico.
Incautaron su vida con una operatoria de encriptación.
Embalsamaron su suerte con sonrisas de almidón.
Con una acción de avión de guerra lo intimidaron en la neblina de la insurgencia.
Lo alcanzaron las flechas de la hipocresía.
La noche se agotó.
Lo negro se renderizó.
Esqueletos de sombra lo persiguieron a la voz de ámame y seremos libres.
Ceniza que en sus dedos se desangra, asediado por el humo del dolor.
Lo cercenaron con alfiler de cámara y clavos micrófono contra la cruz del algoritmo.
Paranoide voluntariado,
puzle que deglute neuronas de sí mismo,
fragmentado náufrago,
obedientemente ocioso, occiso.
Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina
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