mobile isologo
buscar...

El museo: del arco amarillo, para Sofía número II.

Sep 8, 2024

93
El museo: del arco amarillo, para Sofía número II.
Empieza a escribir gratis en quaderno

- Qué hacés? Abrila por favor que no me gusta estar encerrada.

- Estoy intentando, por dios calmate, sólo se trabó la puerta.

Un violento golpe se escuchó del otro lado, las luces de emergencia se prendieron justo al instante en que la energía eléctrica se fue. El museo había quedado enmudecido, proyectando sombríos retratos, y relatos, de las diferentes obras por las paredes, aquellas que tibiamente marcaban los caminos esenciales utilizando precisamente lo poco que quedaba de luz.

- No puedo, la puta madre; voy a llegar tarde.

- Correte, dejame intentar.

Luego de apartarla e intentar unos segundos forcejear sin sentido alguno, la segunda muchacha también se cansó. Ambas dos habían ingresado a la más pequeña sala de todo el museo justo a la vez, habían cruzado miradas y algún que otro gesto como saludo. Una se había parado a esperar, con una libreta en su mano y unos tacos que hacía sonar constantemente en el suelo. La otra, la orbitaba a vistazos de cada uno de los cuadros que estaban en las paredes, tomándose un respiro en cada uno, cambiando las perspectivas, las distancias, intentando comprenderlos si es que habría algo que comprender. Cuando notó esta curiosa danza, la muchacha de los tacones, al principió quedó sorprendida. Luego, mientras la veía avanzar desprolijamente a la artista, sin orden alguno, comenzó a molestarse sin entender bien por qué; a cada cuadro que interpretaba, de cualquier forma que lo hiciera, la irritaría más y más. De pronto, la puerta se cerró. Ambas dos soltaron sus mundos, ambas dos coincidieron en correr hasta la puerta.

Parágrafo del anochecer:

- Camila, por cierto. - extendió su mano para saludarla.

- Victoria. - agregó algo molesta, luego, agitó su mano junto a la de ella dejando en claro que no quería hacerlo.

- Qué mala suerte. Igual, siempre lo tomo como si fuese una señal; por algún motivo siento que tendría que estar acá y no afuera. Perdón, tendríamos que estar acá, no es que te esté ignorando. - sonrió tímidamente Camila.

- Coincido, qué mala suerte. No puedo terminar el informe sin estas últimas hojas que supuestamente ya tendría que tener en mis manos.

- Hay algo que no entiendo. Todas estas obras a quién le pertenecen?

- Yo tampoco. No sé bien a quién le pertenece el informe. Es más, no me lo había preguntado hasta ahora. Gracias. - agregó Victoria preocupada.

- De nada, es un placer. Yo tampoco creo que me haya hecho las suficientes preguntas. Es decir, en primera instancia por qué deberían pertenecerle a alguien? Y si ese alguien existiese, y por ejemplo no fuese el real autor, quién tiene más derecho sobre la obra dejando de lado el tema del dinero. El autor siempre será una especie de padre, o madre, supongo. Pero una vez que yo la tengo de frente no me vuelvo algo así también? Andá a saber si yo interpreto algo aunque sea parecido, a lo que quiso decir el autor aquella vez.

- Aquella vez… Tengo algo de frío y hambre.

- Tengo un poquito de agua si querés.

Una sacó una botella de agua, la otra unas galletas, ambas se fueron perdiendo en el cuadro que tenían de frente, aquel que empezó a romper hacia los costados su marco, a transgredirlo, a caminarlo de formas impensadas, en planos desconocidos para sus tintas que al cabo de unos instantes, y mientras mas se adentraban sin saberlo en la noche, fueron envolviendo la pared. Maravilladas, cada una en ella misma, lo fueron siguiendo curiosas, lo fueron perdiendo también. Cuando las tintas habían tomado prácticamente todo, incluído el piso, una contrajo sus piernas creyendo que podría salvarse. La otra, extendió y mojó las suyas, mientras miraba el techo con la cabeza apoyada en la puerta trabada, la tinta caía tras ella, impregnando todo su pelo de principio a fin, y mientras sentía el proceso, fue cerrando los ojos. Sintió una mano queriendo entrelazar los dedos con la suya, volvió a su vista, vio a su par aterrada, contraída en el único círculo que todavía no se teñía en toda la sala. Le sonrió mientras una gota de tinta que caía del techo le manchaba la cara; unieron con fuerza sus manos, dejando en claro que las dos querían hacerlo. Ambas cerraron los ojos, e instantáneamente, como en el juego de las luces de emergencia y la corriente eléctrica, la puerta tras ellas se abrió.

PibedeVictoria

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión