a veces siento que no me pertenece.
cuando se cuela una idea en mi mente
y me tira con ella hacia otra más próxima,
y la gravedad no me afecta. estoy de cabeza.
intento todos los días barrer el patio,
lavar los platos, reparar la tele,
escribir en mi diario. y sigo ahí.
pero siento que no lo estoy.
es la sensibilidad, se hace de mí y no me suelta,
aún cuando no cantamos en sintonía,
sabe que le pertenezco, me hace hueca.
me mete posibilidades en la cabeza, que giran,
como una llanta disparada en bajada.
en realidad, yo no le pedí que me acompañara.
pero algunas noches es abrigo,
respirar aire limpio, aún hipando sobre la almohada.
aunque es lo que no quiero, también es lo que me forma.
a veces tonta, torpe, con las palabras cruzadas.
pero es más de mí que cualquier palabra
que pudiera salir de mi boca.
la sensibilidad de mi ser, de mi mente, de mi amar,
no necesita escucharme para estar ahí.
y no es la única que lo está, o que se hace ver.
pero me arrebata la exclusividad de elegirme.
soy tan sensible que reviento en llanto,
se me derriten las ideas en orden,
entrego más de mí aunque sienta que me pierdo.
que me reprimo. que lo sano está en ver la otra cara.
pero en el espejo la otra cara sigue rojiza,
con los cachetes húmedos y la pintura corrida.
hay una voz del otro lado que llama.
"solo tenés que esperarme un poco más"
y se pierde en un eco entre otras tonadas.
pero qué hago yo cociéndome la boca
para no experimentar las cuestiones no dichas.
esperar es tan relativo como el mundo.
quien lo cuida, lo disfruta, lo acompaña, vive en él.
yo no, estoy atrapada en una caja de cartón,
preguntándome: "¿cuántas palabras desorganicé,
cuantas veces traté de entender, cuántas horas arrebaté?
... ¿cuánto tiempo pedí?"
y las horas que perdí esperando, sin arrepentirme de ello.
hace dos días pregunté si había tiempo para mí.
la respuesta no me convenció, pero creí en las palabras que escuché.
hace semanas compartí que últimamente no disfruto de mí,
pero sí de una compañía que cada día felizmente elijo.
y que extraño. con todo mi ser, con todas mis ganas.
sin dependencia, solo con el amor puro que genera en mí.
con el fervor de oírle, elocuente o no, brillante o no,
me gustaba explicarle al universo que el amor podía cantar.
se tornaba el más interesante en presencia,
quería apagar mi voz para no cubrir la suya ni un instante.
que se viera en mis ojos, un mundo con un futuro brillante,
uno en el que a veces me aterra no imaginarme.
pero espero con paciencia, porque no quiero irme nunca.
es mi hogar. es mi ancla cuando todo empieza a marearme.
son las ganas de mejorar para no perderle el paso.
y los ojos que brillan intensamente cuando se cruzan en su camino.
quiero recorrerlo siempre, descalza y con una sonrisa,
silbando sobre las experiencias que nos esperan.
mi mundo tiene voz,
tiene canto, tiene consciencia.
y mi mundo dirá, con su voz,
con su canto, con su corazón,
si es acaso molesto que lo siga habitando.
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