para que todo vuelva a ser, siempre debe existir un punto de quiebre. ese momento donde te sientes abandonado, marchito y sin esperanza, pero de pronto, algo te hace florecer. es la calma que llega tras la tormenta, manifestándose como liberación y aprendizaje.
esta claridad, te permite darte cuenta de cosas que antes no podías ver por la bruma de tus sentimientos para analizar tu historia desde la objetividad y lógica, pues no todo lo malo debe ser recordado con dolor; lo ideal, es transformar esa experiencia en una herramienta para no repetir el ciclo.
si ya conociste el fondo del abismo, la pregunta no debería ser si puedes salir, sino si estás dispuesto a estar ahí de nuevo... recordar, para mí, no es un acto de masoquismo, sino de autodefensa pues quien ignora su historia, está condenado a vivirla dos veces.
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