Con los palitos que se clavan
en el queso y el tomate cherry
él se saca la mugre de entre los dientes
y me anonada sensualmente.
De par en par abre las puertas el mozo
del balcón que da a una calle snob.
Reímos por lo bajo, con los ojos
achatados por el filo de las copas al caer
y bajo la mesa, solemnes tras el mantel
festejan nuestros deditos gordos,
ahuyentan a las hormigas que pasean
de cabeza por el techo de esta carpa real.
Allá lejos, sobre la biblioteca
se baña un gato de bigotes largos
que con su nariz en alto y ojos sobrados
observa a quienes están abajo,
admira cómo se supera
con su obra más moderna
que sobrevuela lentamente
y aterriza la pelusa en el plato caliente.
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