El latido del corazón,
tan fuerte en algunos y tan lento en otros.
Desearía volver al año en que todo era feliz,
porque sonreír era de las cosas más sencillas.
Ahora me siento en una cama sin sábanas,
en el cuarto más vacío.
Los retratos no existen
y los rostros conocidos se fueron borrando.
Ya no puedo reconocer la letra de mi nombre,
ni la mano que la escribe.
¿Por qué todo termina?
Me adapto a que todo esté tan mal,
mientras se retroalimentan las heridas mal curadas.
Creía que el amor era un antídoto,
un remiendo para los hilos sueltos de la camisa.
Pero terminó de deshilachar la bufanda que me escondía.
Ya no me queda nada para ocultar el daño de las despedidas.
Solía preguntarme si el amor siempre dolía.
De un hombre solo recibí una frialdad absoluta que corrompe.
Tu voz se volvió tan dura que odiaba escucharte.
Ya no quiero nada más.
Ni tuyo, ni de nadie más.
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