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El Horizonte Vacío

Mar 3, 2026

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El Horizonte Vacío
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El estado de curiosidad permanente me ha brindado siempre una supervivencia básica dentro de la dinámica laboral de la música, los medios de comunicación y el sonido en vivo. Esta vez, habiéndome quedado sin trabajo por primera vez en 15 años, me encuentro con una sensación desoladora. Me siento viejo a los 31 años y descolocado en un panorama tan desconcertante como absurdo. La guerra contra el contenido y la capacidad de atención ha sido declarada.

Hace 15 años, la capacidad de análisis musical, un poco de hambre o ingenio y la escritura creativa te abrían puertas que permitían acceder a espacios de expansión colectiva capaces de ponerte frente a un equipo de producción audiovisual o la redacción de un medio digital con alcance suficiente como para que tus ideas, siendo lo suficientemente originales, transmutaran en la llegada de algún tipo de reconocimiento económico que, por lo menos, sostuviera los gastos fijos. Lo importante eran las ideas, la calidad del contenido y la originalidad. Hoy, el mérito son la retención y la velocidad.

Podría entender, también, que la brecha generacional finalmente me ha hecho notar su existencia con el impacto que genera el sentirse expulsado de una escena que solía conocer de memoria, pero, aún desde esa lógica, las nuevas determinaciones estéticas del underground y el mainstream se revelan fácilmente en algunos minutos de scrolleo y la asistencia a los lugares indicados, donde el canon será la exaltación de la imagen por sobre la profundidad del concepto. Todo debe verse, todo debe agradarnos y todo debe digerirse de manera inmediata. El subtexto no existe.

En este caso, mi desempleo es anecdótico. Un disparador para hablar de un contexto específico donde lo masivo se ha vuelto absolutamente superficial y las formas de consumo han condicionado no solo al proceso y velocidad de producción, sino también al resultado del acto creativo. El hecho fundamental es que los hemos dejado homogeneizar nuestro consumo cultural por comodidad y los resultados son catastróficos. Al mismo tiempo, cambiamos calidad por cantidad y nos perdemos casi todo por falta de concentración.

¿Por qué digo, entonces, que los espacios de producción que supe ocupar ya no existen? Porque cuando el resultado debe digerirse en el instante no hay lugar para la reflexión, sino para la literalidad. La inmediatez nos impide cualquier tipo de metáfora o profundización analítica y eso se refleja en los nuevos modelos artísticos, ideológicos y políticos para los cuales la intelectualización, la metáfora y la imagen poética son solo una pérdida de tiempo. La razón es tan simple como clara: “Mientras más rápido y directo, sale más barato”.

En definitiva, nuestra lucha sigue siendo la misma. Seguir creando, haciendo y generando espacios para el intercambio de ideas que nos permitan pelearle al vaciamiento poético y cultural de la globalización productivista. Una batalla perdida hasta que la ganemos.

Joaquín Alonso

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