Estoy atontada por su caminar, por la forma en que la bufanda vuela detrás de él. Me río cuando observo el ruedo de sus pantalones empapándose en los charcos formados sobre los adoquines rotos de la vereda.
Admiro la concentración con la que se desplaza: que, a diferencia de mí, esquiva a los demás transeúntes con una suavidad casi imperceptible.
¿Será su vida sea tan insípida como la mía?; lo imagino trabajando todos los días en lo mismo, usando un sello que golpea papeles cuyo contenido puede resultarle tan ajeno como irrelevante.
Ese misterio me enamora. Trato de adivinar cómo será su hogar: ¿tendrá una biblioteca? ¿Plantas decorativas? ¿O vivirá en un pequeño desastre con lógica, rodeado de pilas interminables de carpetas con nombres incomprensibles?
Me fascina su piel, lo poco que consigo ver en su rostro. Intento construir en mi cabeza la imagen de su familia. Seguro tiene hermanos, y en ellos se refleja la belleza del linaje. Sus cabellos, tan desordenados, parecen una obra de arte. Casi puedo sentir mi mano deslizándose sobre ellos, estremeciéndolo… o tal vez soy yo la que se estremece.
Quiero saltar y arrancarle la ropa. No solo deseo su cuerpo, quiero llegar hasta su alma. Estoy convencida de que es cálida, vibrante. Me gustaría gustarle, encontrar la manera de que me vea aquí, sentada.
A esta altura lo conozco más que nadie, ¿acaso no merezco su atención?
¿Cuál será su nombre? ¿Sabrá que lo observo? Quizá camine con ese aire elegante a propósito, consciente de mis ojos, buscando que lo admire aún más.
Lleva anteojos oscuros, tal vez para ocultar que me espía de reojo. No es más que un narcisista intrépido que se aprovecha de mi aburrimiento. ¿Quién se cree que es? ¿No sabe que en la vida hay que ser humilde, dejar de lado las pretensiones?
Cómo lo detesto. Me hierve la sangre con cada paso que da. Deseo que los charcos de los adoquines sean tan profundos que atrapen su pie y lo hundan hacia otro mundo. Pero es imposible: camina con gracia, y eso me indigna aún más.
Le voy a gritar desde mi balcón, le voy a escupir todo lo que pienso. Estoy segura de que nadie jamás lo ha enfrentado. Será todo un desafío, pero lo haré. Ya verá. Apenas aparezca de nuevo en la cuadra, ya verá.
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