Dice mamá
que se debe abrazar
aquello que no cabe entre los dedos.
Aquello que supera
el tamaño de un puño,
que sabe más
de causa que de azar.
Hay que saber abrazar
lo que no puede escalarse,
lo que aún grande
sigue siendo como una flor.
Y hay que reconocer su nombre.
Miedo.
Y saber que a veces frena.
Y otras condena.
Y que el silencio
lo hace más fuerte.
Pero hay que abrazarlo,
como dice mamá,
pues todo gigante
merece ternura del alma.
Hoy mamá no está,
pero el miedo me acompaña.
Sus lágrimas son disculpa,
y mi incertidumbre es mayor
que la pena que lo arrasa.
He aprendido a abrazar,
mamá,
aquello que me
frena.
No hubo mejor enseñanza.

Blanca Bermúdez
Escribo para sacar del alma lo que no se puede decir en voz alta. Gracias por leerme. Quédate. Comenta.
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