Hoy no hay introducción ni palabras innecesarias. Hablamos sobre el silencio…
Pensar es el proceso más silencioso del ser humano. Lo que nos define como animales evolucionados -evitemos la palabra superiores- frente a las millones de especies de este planeta. El pensamiento nos permite racionalizar y, creo sin afirmar, que todo acto creativo nace de la misma nebulosa presente entre lo racionalizado y la abstracción de la relatividad emocional. Lo disfrutado, lo sufrido, lo no dicho, lo no hecho, lo sentido y lo no manifestado conviven dentro de ese diálogo interno que nos atormenta o satisface dependiendo de las conclusiones obtenidas. Todo en silencio.
El silencio es impulsor del momento contemplativo, acercándonos al mundo de las ideas en el que lo potencial escapa necesariamente a nuestras posibilidades reales cuando precisamos proyectarnos por fuera del yugo de las limitaciones e inspirarnos como paso previo a la acción. A veces, el silencio despeja la complejidad y nos obliga a despojar a las ideas de la pomposidad del ego para darle peso a lo incisivo de la simpleza. Limpia la redundancia para que los mensajes ganen potencia.
El silencio también es generador de contextos. Nos brinda un marco en el cual calcular los movimientos sin la distracción de la interrupción inesperada o nos brinda la posibilidad de compartirlo en la simbiosis. Se sostiene en la tensión de quienes se mimetizan comprendiendo que no siempre es preciso explicitar. El silencio, tanto en la música como en la vida, es comienzo final y expectativa que llama la atención a quien se ha distraído por el ruido. Es exigencia y demanda cuando todo se detiene para que algo suceda.
Paradójicamente, el silencio es la quietud y no la acción posterior. Es el instante entre los sucesos que suspenden al tiempo y nos exponen desnudos frente a la necesidad de llenarlo de contenido. El silencio nos obliga. Se impone con carácter de denuncia por su vacío y para demostrar nuestra ignorancia. También es político cuando se decide a callar por no avalar algún discurso, y meditación cuando la catarsis verborrágica no ha sanado lo suficiente. Es balance positivo o negativo según la circunstancia y es salud. Es prevención para no mostrarse como estúpido y es paciencia. Es el borde entre la nada y la palabra justa en el momento oportuno.
(Este texto es parte del Newsletter "Morir en el Intento". Suscribite gratis acá!)
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión