Sentía como sus manos acariciaban el dulzor de mi carne,
percibía como sus ojos se enfrentaban con los míos buscando
un nuevo lenguaje
una optativa expresión.
Veía como sus labios pintaban en mi piel
un rastro,
aunque sólo durara segundos
dejaba que se apropiara de mí,
de mis
labios
de mi
cuerpo
de toda extensión
que quisiera hacer suya.
(pero yo,
yo ya era de él)
Perdí mis manos libres
entre su cabello y su piel,
devolví el rastro hasta sus finos labios
induciendo al calor anhelado
Y el silencio habló,
me apropié de su firmeza
resguardándola dentro de mí
como un acto de beatífico
amor.
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