Solo un Padre que batalla por el bienestar de los suyos sabe del dolor y la lucha interior que se experimenta cuando se hace dificil proveer, a su familia, hasta aquello básico y necesario para vivir.
Sin duda, creo yo, San José como buen Padre y Esposo, sufrió mucho en su interior al ver que no tenía ni un lugarcito donde pudieran reposar su Santísima esposa, la virgen María y su hijo amado, Jesús.
Frustración, tristeza, indignación, hasta insuficiencia, dolores que muchos padres y hombres responsables hemos experimentado alguna vez, pero a la vez, estoy seguro que el rostro, la mirada, los labios, las manitos y los pies de Jesús, de un momento a otro hicieron que todo eso quedara atrás... porque el tesoro mas grande del mundo y SU MUNDO estaba ante sus ojos! Ya nada era más importante que ello.
Jesús cambia todo. Jesús, lo es todo.
Gracias María.
Gracias José.
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