Me cansé de esperar promesas
que siempre llegaban tarde,
de remendar con lágrimas
lo que tú rompías sin darte cuenta.
Me cansé de los “algún día”,
de los “voy a cambiar”,
de sentirme sola
estando a tu lado.
Fui apagando mis sueños
para encender los tuyos,
fui cediendo mis espacios
hasta perderme en el reflejo
de alguien que ya no reconocía.
Y un día entendí
que el amor no debería doler tanto,
que quien te ama
no te hace mendigar atención,
ni te obliga a conformarte
con migajas disfrazadas de cariño.
Entonces me miré al espejo
y encontré a la mujer
que había abandonado por amarte.
La tomé de la mano,
le pedí perdón por la espera
y decidí volver a ella.
No me fui porque dejara de amarte.
Me fui porque empecé a amarme a mí.
Y aunque mis pasos temblaban,
seguí caminando.
Porque hay despedidas
que no nacen del odio,
sino del respeto propio.
Hoy ya no espero que me elijan,
porque aprendí a elegirme primero.
Y en esa elección valiente,
descubrí que perderte
fue la forma más hermosa
de volver a encontrarme.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión