Mientras contemplo el atardecer,
de costado te tengo.
Tu compañía,
tu mirada,
la forma exacta en que me ves.
Que no importa dónde,
cuándo
ni cómo:
vas a estar.
Tu mirada me abrigó
en las noches de verano
y en los primeros fríos de abril.
En tus brazos encontré consuelo,
ese refugio donde descansar,
donde el mundo baja la voz
y tu corazón junto al mío
parece suficiente.
“El lenguaje del amor
es algo más que el amor,
es el después”,
me decías.
Y ahora lo entiendo.
Viniste a hacerme sentir,
a ablandarme el corazón.
Y acá estoy,
en otra noche fría de mayo,
sonriendo,
teniéndote presente,
agradeciendo
que te hayas cruzado en mi camino.
Porque el amor
tal vez no sea para siempre.
Pero sí lo es
lo que queda en nosotros
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