Muchas veces, los jóvenes idealizamos vidas de ensueño donde formamos un hogar con la persona que amamos, lejos de los conflictos familiares. Buscamos un lugar seguro, a salvo del caos; sin embargo, en esa búsqueda, a veces encontramos amores temporales que, en lugar de ser refugio, resultan en destierro, inseguridad y abandono.
Son amores que nos hacen dudar de nuestras capacidades y que pretenden moldearnos a su antojo. Allí donde buscamos cariño, recibimos espinas; donde esperamos sonrisas, encontramos furia. El sentimiento es tan complejo que, si pudiese describirlo en una sola frase, sería:
"Las vidas soñadas no siempre ocurren con las personas anheladas porque, a veces, en lugar de encontrar refugio, encontramos desahucio".
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