El cupido de los arcontes - Creepypasta
Diario confidencial Forense. Feb 14. 4:29 AM.
Si te cala una dolencia en la espalda baja, no es la toxina episódica de algún bicho —y aunque lo fuese—, este no te produce la sensación de querer arrancarte el corazón. Porque es más que una porosa sensación. Es el frío de un metal hundiéndose en el cuerpo.
Inicia con una larga travesía. Primero, desde la lejanía, un nebuloso pinchazo te impacta y, a diferencia de la ponzoña, este se esparce autónomamente. Es vil como el arsénico, aún más adictivo que el amoníaco. El atípico pinchazo primero despierta el tambor: pulsos coléricos en la espalda, y lo que fuera que traspasó y abarcó las capas más profundas de la piel, avanza tortuosamente como las patas de un bicho.
Ingresa por los intestinos; casi siempre se escurre entre las heces y se amolda a lo que encuentra. Una vez dentro, comienza a derretirse, quemando el órgano, y sus partículas, más que vivas, se licúan, navegando hasta encontrar los vasos sanguíneos.
Adictivas comezones comienzan a ensordecer el cuerpo. Rascar la piel, fundir las uñas y querer fusionarlas con la carne causa placer. Puede durar días, semanas o meses. El objeto que se introdujo erosiona como acto final el pecho.
Y cuando llega al corazón, el adulto no sabe qué hacer. Posa su vista en un animal, un joven, o en un muerto y siempre... ¿se enamora?
Michello. Así lo llamaba Marcos el “loco”, quien narró aquella sensación, producida —según su médico— por un bicho. Pero los insectos rara vez sacan lo más morboso de uno.
En las notas policiales, los forenses estaban totalmente ofuscados con Marcos. Se sugiere que este había intimado con restos humanos cerca del cementerio de la Misericordia. Era el cuerpo de un niño junto a órganos de algún animal, entremezclados.
La pericia así lo confirmaba y se enteró todo el vecindario. Liberaron la información. Pero a nadie, detrás de la pantalla, le conmovió lo suficiente.
Marcos nunca se echó la culpa. Dijo que su ángel de la guarda se lo pidió internamente, el mismo que lo “rozó” con una superficie metálica, hincándolo. Un tal “San Miguel Arcángel”, o como él lo llamaba, confusamente, Michello.
La fiscal lo etiquetó de insano por las descripciones de este: el ángel tenía un solo ojo, apabullante en la oscuridad. Su cabello, como Miguel, era rizado; eran cabellos enmarañados negros. Pero finalmente era… un bebé. Su tenue risa hacía alusión a la de un niño. De esto se agarraron para encerrarlo.
Y ese fue el error jurídico que condenó a todo un hospital.
Ahora “Michello” había rozado a muchos otros. Si bien Marcos contó que el dolor lo sintió en la espalda baja, otros directamente lo sufrieron en el trasero. Otros, aún más retorcidos, mencionaron que fueron la pareja de Michello. Sufrían de un extraño éxtasis que impulsaba un enamoramiento.
Nunca se supo si, de hecho, estaban delirando por los medicamentos que les impuso el hospital o si hubo un episodio masivo de abusos. ¿Era el ángel? ¿Eran los médicos?
Tenían ardores en la zona del pecho, fuertes palpitaciones y un posible shock cognitivo, según los psiquiatras del centro Morgan.
El psicoanalista Argañaraz llamó a esto la pérdida del superyó. Los criminólogos apuntaron a Michello: decían que se trataba de un psicópata hedonista entre los insanos.
El centro Morgan terminó en fuertes encuentros discursivos contra la fiscalía y los forenses. Entre renuncias y licencias para mantener imagen y cordura, la guerra de egos nunca dio ninguna confirmación. En su campo, todos tenían la razón y, a la vez, ninguno.
Sin embargo, la rama del ocultismo formuló algo más interesante: Michello —el imitador— era un arconte que muy bien conocía a la especie. Si apuntaba a la mente, se encontraba con la locura. Si apuntaba al corazón, se encontraba con la naturaleza humana.
Por eso, la regla general gnóstica siempre era: “Arráncate el corazón antes de que la flecha del arconte te elija tu próxima compañía”.
Ya muerto, al menos no serás un pederasta, zoofílico o necrófilo. No. Solo serás, en el astral, la carne de cordero que engendrará nuevos arcontes del cupido.

$ERKET
$ERKET es el seudónimo artístico (ilustraciones, fotografías y música) de la escritora Milagros Gomez.
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