El cuento del almohadón azul de la chica de los pies de piedra
Jun 8, 2026
Había una vez una chica que caminaba por la vida con pies de piedra. Ella notaba que a veces andar se hacía un poco complicado, porque tenía que hacer algún que otro esfuerzo extra para caminar con sus pies de piedritas... ¡Ni hablar para correr o saltar! ¡Mucho más esfuerzo!
El desafío aparecía cuando sus piedritas se quedaban atascadas en los huequitos de las baldosas, y tenía que detenerse a recuperarlas y ponerlas nuevamente bajo sus pies. Esas pequeñas pausas hacían que -algunas veces- caminara un poco más lento que los demás. También era incómodo hacer sus bailes, porque cuando la maestra indicaba hacer pasos suaves y sutiles, ella notaba que sus pies chillaban y golpeteaban el suelo de madera ni bien lo tocaban haciendo un ruido estrepitoso que no era ni suave ni sutil, y eso hacía que sus cachetes se pusieran rojos como un tomate ante las miradas de los otros danzarines.
Un día sucedió que la chica de los piecitos de piedra iba andando algo perdida, y en una vuelta de esquina, descubrió un camino desconocido, lleno de banderines de colores y flores en las veredas y decidió tomarlo. Al comenzar a caminar el camino de los banderines y las flores, vió que había otros como ella, algunos con pies de madera, otros con espaldas de arena, unos pocos con hombros de cristal y algunos con boquita de ovillo de lana. Todos eran distintos, iban caminando a distintos ritmos, y además ella vió que llevaban con ellos unos almohadones voladores que eran para entrar a unos salones mágicos, donde se ponían unas medias de nube y aprendían una rara profesión de aprender a volar en sus almohadones y jugar con otros. Y ella los vió en sus almohadones voladores y quiso entrar a jugar también. "¡Yo quiero aprender a volar en almohadón! ¡Quiero un almohadón para mí también! ¡Quiero unas medias de nube para mis piecitos de piedra!" Exclamó.
Ella deseaba tener unas medias de nube y su propio almohadón volador para aprender esa rara profesión, y un día, su deseo se cumplió. Para su cumpleaños, sus amigos de las medias de nube y los almohadones voladores (que ya se habían vuelto amigos por quedarse contándole historias ya olvidadas en el mundo), le regalaron unas medias de nube celestes y un hermoso almohadón azul volador, que le permitió empezar a aprender aquella rara profesión de volar y jugar. Y cada vez que ella se ponía sus medias de nube y entraba volando a la sala en su almohadón azul, sus piedritas le hacían unas cosquillas suaves dentro de las medias que la hacían reír y reír a carcajadas, y reía y volaba, y reía, volaba y jugaba con los otros y con sus piecitos de piedra envueltos en sus medias de nube, volando sobre su almohadón azul.
Fin
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