Fuiste mi primer amor,
mi deseo más profundo,
el sueño que en mi pecho ardía
como un sol dentro del mundo.
Te quise con alma entera,
con una fé casi inocente,
mientras tu sombra pasajera
jamás se quedó conmigo realmente.
Y fue un duelo comprenderte,
aceptar tu lejanía,
saber que no había nada que extrañar
cuando ya no eras ni siquiera una agonía.
Yo era quien moría en silencios,
quien temblaba por una señal,
mientras a ti te daba lo mismo
mi presencia… o mi final.
Por eso hoy elijo soltar,
dejar tu nombre en el viento,
cerrar la puerta sin mirar
y abandonar este tormento.
Me retiro sin ruido ni ruego,
sin intención de volver a nombrarte;
tu felicidad siempre la entrego,
aunque a mí me haya tocado matarme.
Si al herirme encontraste consuelo,
si al perderme sentiste alivio,
que tu paz quede escrita en el cielo
y yo quede libre… de tu cautiverio.
Aquí acaba tu historia en mi vida,
aquí se disuelve lo que sentí.
Y donde tu ausencia dejó una herida,
hoy nace, por fin,
el comienzo de mí.
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