La noche embriaga mi camino mientras las luces de la ciudad se deforman entre la lluvia y el cristal empañado de la ventana. Observo cómo los recuerdos cobran vida uno a uno, crueles y hermosos al mismo tiempo, y tú no estás a mi lado.
No están tus ojos perdiéndose en los míos, ni tus labios pronunciando mi nombre con aquella suavidad que lograba calmar todo dentro de mí. No está tu voz, solo el eco interminable de la lluvia golpeando la ventana del carro y una canción triste que intenta, inútilmente, alivianar esta soledad que me consume lentamente.
Y entonces vuelvo a buscarte en todas partes.
En las calles vacías.
En los reflejos de los charcos.
En cada hombre de traje gris que pasa frente a mí por un segundo y me obliga a imaginar que eres tú viniendo a encontrarme otra vez.
Pero no eres tú.
Nunca eres tú.
No estás tú con aquel traje gris que tanto amaba observar mientras caminabas a mi lado, ni estoy yo usando ese vestido de vuelos que se movía con el viento mientras reíamos como si el tiempo jamás fuera a arrebatarnos nada. Qué cruel resulta descubrir que los momentos más felices terminan convirtiéndose en las heridas más profundas.
Me encuentro atrapada en nuestras últimas palabras, repitiéndolas una y otra vez dentro de mi cabeza como quien intenta revivir algo que ya murió. Pienso en lo mágico que fue ese día contigo y siento cómo el pecho se me rompe al entender que, mientras yo sigo viviendo dentro de ese recuerdo, tú probablemente ya aprendiste a vivir sin mí.
A veces quisiera regresar a ese instante exacto.
A esa última mirada.
A ese último roce de manos.
Y abrazarte un poco más fuerte, como si mi alma hubiese sabido que después de eso vendría este vacío interminable.
Llego a mi destino observando cómo las parejas se reúnen bajo la lluvia, cómo se toman de las manos, cómo ríen, cómo se aman con una facilidad que ahora me parece imposible. Y mientras ellos encuentran refugio en alguien más, yo vuelvo a reunirme contigo… o al menos con lo único que me queda de ti: tu recuerdo.
Porque te fuiste de mi vida, pero no de mi mente.
Seguimos viviendo en las canciones y en las melodías tristes de la madrugada; en las rosas que sobreviven a la noche y en las miradas fugaces donde, por un instante, aún volvemos a tener vida
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión