Nunca pensé que una conversación tan simple pudiera convertirse en algo que me hiciera sentir tanto. Llevábamos meses hablando, conociéndonos poco a poco, entre mensajes y miradas que decían más de lo que nos atrevíamos a admitir.
Un día coincidimos en el mismo pub. Todo parecía casual, pero contigo nada lo sentí así. Me hablaste por Instagram y me preguntaste cómo se podía enamorar a una chica. Yo, sin imaginar lo que vendría después, te dije que con detalles, con flores… y al final terminaste regalándome unas flores sacadas de un árbol. Puede sonar simple, pero para mí fue uno de esos momentos pequeños que se sienten enormes.
Tus amigos nos juntaron, empezamos a hablar más cerca, más de verdad, y aquella noche terminó con un beso que todavía recuerdo. Después cada uno siguió su camino, pero algo había cambiado.
Seguimos hablando y otro día quisiste verme otra vez. Me llamaste para que fuera a un sitio y terminé pasando casi toda la noche contigo. Mientras mi amiga estaba con tu primo, yo solo quería quedarme ahí, contigo, porque por primera vez en mucho tiempo sentí paz, sentí conexión, sentí que quizá eras tú.
Pero a veces las historias no avanzan como uno quiere. Dejamos de hablarnos. El silencio apareció donde antes había mensajes, llamadas y ganas de vernos. Y aun así, nunca desapareció del todo eso que quedó entre nosotros.
Ahora volvemos a hablarnos. Hay miradas, silencios incómodos, sonrisas pequeñas… y esa sensación de que todavía quedan cosas por decir. Porque algunas personas, aunque pase el tiempo, siempre encuentran la manera de volver a mirarse como al principio.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión