Cuando el caos existe y la mente no descansa,
me aferro al pensamiento ajeno porque creo que es más sabio.
Solía hacer caso a cualquiera que no habitara mi mente,
porque siempre sabían más de lo que yo alguna vez sabría.
Ahora me encuentro perdida en un cuerpo que no reconozco,
donde no me encuentro.
El cuerpo me falla y el dolor habita en espacios
que no reconocía que pudieran existir.
Arrastro mi cuerpo; donde solía tener extremidades humanas,
ahora son de esta criatura.
El caparazón es impenetrable.
Es la primera vez que nadie encuentra en mí
el derecho de habitar sus ideas.
¿Acaso soy esto nuevo que veo?
¿Tan horroroso que a todos alejo?
Mi habitación huele a destierro de lo que no logré.
Me preocupa la tardanza,
pero esa ausencia fue la única forma de que me vieran.
A veces quisiera poder habitar el espacio de una casa
que debería ser hogar.
Quizás estoy poniendo en palabras pensamientos que no son míos,
porque mi cuerpo, alma y mente jamás me pertenecieron realmente.
La metamorfosis comenzó incluso mucho antes de tener este caparazón.
Lastimosamente, la mía no fue como la de las mariposas.
Y el dolor se volvió mi mayor compañía.
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