Estoy sola… sola en una habitación oscura, en la que retumba una tormenta eléctrica. La luz parpadea con furia, inundando el espacio en apenas dos segundos, y mi única salida había desaparecido justamente cuando más la necesitaba. Nos prometimos “para siempre” – dos palabras, once letras – pronunciadas al mirarnos a esos ojos que brillaban, destellaban y me aseguraban que nunca mentirías, que jamás me lastimarías. Pero aprendí que no son los ojos los que engañan, sino las palabras, cuyo tono y cadencia pueden herir sin que uno lo note.
Mi salida se habia ido . Te llamaba, te escribía… pero no había respuesta. Tras escalar y escalar la habitación de lo que creímos un amor eterno, descubrí un vacío que habías dejado, un abismo en mi corazón, un vacío imposible de ignorar. No sabía qué sería de este verano. Un verano sin tu Hubo momentos en que el anhelo de refugiarme de nuevo en mi habitación era casi irresistible, pero decidí seguir adelante, aun cuando cada paso me recordaba el dolor de tu ausencia.
Pero en medio de la tormenta entendí algo muy importante: incluso en la noche más oscura siempre llega el calor del amanecer. Decidí usar mi dolor para volverme más fuerte y hacer del 14 de febrero el día en que mejoraría Sentada en lo alto, me prometí que, desde ese momento, me reconstruiría y aprendería a quererme de verdad. Tus promesas se desvanecieron, y en su lugar dejé entrar el amor por mí misma y la confianza de que, aunque vuelva la soledad y la tormenta, siempre encontraré mi salida. Así, en el silencio antes del amanecer, me levanté de nuevo, lista para caminar hacia un futuro donde la luz vuelva a brillar.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión