Un destello rápido me golpea los ojos tristes o lejanos según quien mire ¿o es su propio reflejo el que buscan? ese brillo robado que igual sigue siendo mío, esa claridad tomada como si dejarla en otros la volviera menos mía.
Cuando una se cansa de brillar para los demás la carne se afloja y el adentro empieza a morderse a sí mismo, lento, paciente, esperando el descanso, el mimo en la orilla.Entonces en mis manos queda el resto, lo que no pudieron arrancarme, lo que todavía arde, la brasa que me lame la herida hasta volverla tibia. Son mis manos, mis ojos, es mi lengua la que me devuelve el pulso, como un animal herido que aprende su forma de salvarse, piel sobre piel, carne sobre carne, vida regresando a vida.
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