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    El barrio quieto

    Jula

    Jun 1, 2024

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    El barrio quieto
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    Entre San Martín y Brandsen no pasa el tiempo. Las flores del jacarandá que crece en la puerta de mi vecina están estáticas en la primavera. La pelopincho quedó armada en el patio de mi casa y mi tía Claudia todavía no puso las rejas en sus ventanas, así que si corro hacia su living seguro me choque con la puerta de vidrio como cuando tenía 6. La dama de noche sigue abriéndose y cerrándose al ritmo de la luna y la rosa china florece todas las mañanas. La humedad del viejo cuartito sigue comiéndose los libros que aún no sacamos porque la biblioteca todavía no está ubicada en el ex garage. Si yo cruzo el puente Pueyrredón el tiempo vuelve atrás y el 24 tiene boletos de papel en un dispositivo situado justo atrás del chofer. Diez centavos, un escolar. El puente de Crucecita se mantiene intacto en su lugar y tal vez, dependiendo la fecha, no se arregló la plaza vieja en la que aprendí a andar en bicicleta y nadie tiene ni idea de lo que es "Área X". Mi abuela en la cocina tiene el delantal cuadrillé gastado y sucio de días y días, y me prepara una chocolatada mientras yo le cuento a mi mamá, que acaba de llegar de trabajar, las aventuras que viví mientras ella no estaba en casa. Seguro que me trajo de regalo la revista Genios o un VHS del dibujito de moda, que voy a rebobinar cien veces hasta saberme los diálogos de memoria. Mi prima Brenda se va a sentar conmigo en el patio a merendar después de habernos peleado por algún juego. La noche anterior no debe haber dormido porque extraña a sus papás, mi tío todavía le hace mimitos que ella pide antes de dormir. La van a venir a buscar en cualquier momento y nos vamos a enojar porque por más de que nos peleemos todo el día nos encanta estar juntas, sobre todo en enero. Capaz las dos nos vamos a la calle Pergamino, donde la tía Mirta nos va a hacer de comer milanesas. Voy a extrañar a mi papá cuando me vaya a dormir pero sabiendo que todos me esperan en mi casa, donde todavía soy la única mimada. La palmera sigue en el patio y con las pelotitas verdes que caen voy a hacer recetas para mi muñeca que está sentada en la mesita de plástico. Entre San Martín y Brandsen no pasa el tiempo.

    Jula

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